La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Mucho swing

En Granada eres parte de una cultura musical que es de allí, de donde la negritud se apoderó de las salas de baile

Desde hace unos pocos años veo bailar en plazas y bares conforme se cierne la noche a una juvenil y rítmica multitud que me recuerda lejanamente al rock & roll pero en cool y en cultural. En Granada, en Madrid, Barcelona o en París los he visto mostrarse en parejas y, conforme he ido indagando y conociendo ese ritmo, confirmo que va camino de anegar definitivamente las calles, y muchos diríamos que ojalá, que falta les hacen, cansadas como están de tanta prisa y seriedad.

En Granada mismo, al fin, di con ellos tras mucho tiempo de tímidos ratos de pasmarote viéndolos danzar ufanos, libres y con una envidiable sonrisa en el rostro que hacía presagiar lo que luego se siente cuando te lanzas a ese 'triple step' o paso base en cualquier 'social' de la ciudad.

Reconozco, debo hacerlo como simple principiante, que aún no soy más que un patoso buscador del swing en cada canción. Creo que lo persigo aún pensandolo aunque los profes tan majos -Cuca y Pablo lo son- del curso al que asisto desde hace dos semanas bien nos dicen que sintamos y nos dejemos llevar por el bound, elástico rebote a modo de muelle que hace suave un estilo para dejarse llevar por horas. En ellos estamos.

Ayer sonaron en clase los ecos de Frankie Sinatra y su 'New York' y al poco Niña Simone con su 'My baby just cares for me'. Oye, y entonces ya lo vas pillando, y te das cuenta de que estando en Granada eres parte de una cultura musical que es de allí, de donde la negritud se apoderó de las salas de baile para transformar el mundo con su alegría swing.

Este baile no es para rígidos, ni para estirados. Sí para los que les gusta resonar con lo más sencillo, como ese baile de los jueves noche que la asociación 'Baila Swing Fin' organiza delante de la tan seria Audiencia Provincial transformando por unas horas Plaza Nueva en un inmenso lugar de encuentro donde bailar y dejarse llevar por el swing de la luna saludando a la ciudad.

En pleno verano y con la que cae durante el día en las calles, algunos prefieren esperar el momento 'clandestino' en que cierta forma del jazz se abre paso en los cuerpos y en los sentidos. Es lo que tienen las músicas mestizas, que saben coger lo mejor de cada cultura de raíz para crear su swing, ese alma indefinible de un ambiente en el que muchos ya buscan cómo dejarse encontrar.

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