El río de la vida

De tabernas y turismo masivo

En esto tiene que ver mucho el 'tripavisor' ese de las narices, donde todos los que van a un sitio lo difunden

Han perdido gran parte de su esencia, aunque su fama haya aumentado. Antes iban los lugareños y ahora van bandadas de turistas que graznan como ocas cuando andan concentrados en estos sitios cerrados. Me refiero a aquellos bares que un día fueron típicos y que hoy se llenan de personas de fuera que acuden en masa porque se ha difundido que es un sitio clásico de Granada. A fuerza de ser típicos han dejado de ser típicos. En estos tiempos el turismo no es un buen invento porque está desvirtuando a los pueblos y las ciudades más bellas. ¿Han ido por casualidad ustedes a algún pueblo del Barranco de Poqueira en un fin de semana de otoño? La fuente de Pampaneira se convierte en la Fontana de Trevi. El otro día fui a tomarme un follaza a las Bodegas Castañeda, antaño bar de lugareños y estudiantes que iban a por los bocadillos de morcilla y de mejillones en escabeche. Estaba a rebosar, pero de turistas patrios y extranjeros. Un mogollón de gente. Los granadinos van a primeras horas de medio día y desparecen cuando llegan los turistas, a los que llaman con cierta ironía la 'patrulla canina' por el hambre perruna que acarrean. También estuve en Los Diamantes de la calle Navas, ese sitio en el que hay que hacer noche para encontrar un sitio en la barra. Antes solía ver allí a muchos granadinos, los mismos que han desertado porque siempre está demasiado lleno, y no precisamente de lugareños. A otro sitio al que me gusta recalar de vez en cuando es al Ávila, en Verónica de la Virgen. Una vez conocí a un conserje de hotel que cuando un turista le preguntaba qué había que visitar en Granada le señalaba dos "aes": La Alhambra y el Ávila. De un tiempo a esta parte el Ávila también se llena ya de foráneos que van en busca del jamón asado y de los paparrones. En fin, que las tabernas tradicionales y clásicas se han llenado de turistas, lo que provoca cierto desasosiego en los parroquianos de siempre y ninguna inquietud en los dueños del local, que comprueban que el dinero ni tiene patria ni habla idiomas. Me cuenta un amigo que en esto tienen que ver mucho las redes sociales y el 'tripavisor 'ese de las narices, en donde todos los que van a un sitio que les gusta lo difunden por esa famosa plataforma viajera. El boca a boca también funciona, pero de manera menos efectiva. Llena que nos vamos.

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