La tapa como medio de comunicación

En torno a la tapa hablamos y nos ponemos sublimes. Eso es porque hoy le damos demasiada importancia a la manduca

El principal medio de comunicación de los granadinos es la tapa. Usamos el móvil para llamarnos y ponernos guasap e internet para consultar cosas, pero es en torno a la tapa cuando hablamos y nos ponemos sublimes. Eso es porque hoy le damos demasiada importancia a la manduca.

Pertenezco a la generación a la que nunca le preguntaron qué quería comer. Mi madre ponía el plato en la mesa y al que no le gustaba lo que había en él, se aguantaba. Mi madre no se calentaba mucho la cabeza a la hora de cocinar. En mi casa se sabía lo que íbamos a comer según el día en el que estábamos. Si era lunes, cocido de garbanzos; los martes, habichuelas; los miércoles, lentejas; los jueves, coliflor o verduras; lo viernes, patatas con bacalao; los sábados, pescao (sardinas o bogas del Guadalquivir) y el domingo, arroz. Sin duda los peores días para mí eran los miércoles y los jueves. ¡Cómo odiaba las lentejas! ¡Cómo odiaba la coliflor! Lo demás era pasable. La carne entraba en el cocido y en el arroz. El bacalao antes era comida de pobres, ahora es de ricos. Le ha pasado al revés que al pollo, que antes era de ricos -hasta lo soñaba Carpanta- y ahora es de pobres. Los niños de antes soñábamos con tener un día un muslo de pollo asado entre los dientes y entre los piropos más demandadas por el macho era aquel que al ver a una mujer guapa le decía: "Estás más buena que la pata un pollo". Hoy proliferan los negocios donde los pollos se venden con patatas y solucionan muchas comidas a los humildes. En cuanto al bacalao, me acuerdo de todas aquellas piezas colgando de los techos de las tiendas de los ultramarinos. Por aquellos años España ya no tenía territorios de ultramar, pero había muchas tiendas de ultramarinos donde te despachaban el azúcar en terrones, las arencas que venían apretujadas en cajas redondas de madera y el aceite que se extraía de un bidón a través de un émbolo. Pero antes comer era una necesidad y se comía lo que había. Era un trámite que había que pasar para seguir viviendo. Ahora parece que es una religión. Los chef se han convertido en sumos pontífices y de ellos dependen si has tenido un buen o mal día. ¡Y ahí de aquel bar que te ponga una mala tapa!

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