La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Un teatrito para el Centro

Esta ciudad se inflama al pronunciar la palabra cultura pero que se desinfla cuando tiene que destinar fondos

Pude verlo durante el desmontaje de una exposición en la sala CajaGranada que desaparece de la ya pobre oferta cultural del corazón de la Granada, esta ciudad que se inflama al pronunciar la palabra cultura pero que se desinfla enseguida cuando tiene que destinar fondos, infraestructuras o personal para darle la realidad debida.

Se trata de un pequeño escenario disimulado en la pared por unos paneles que vuelven invisible lo que en tiempos fue un teatrito para que los socios del Centro Artístico Literario y Científico, antiguo propietario de todo el edificio, tuvieran dimensión teatral entre sus actividades.

El microteatro se encuentra en la sala contigua a la que en tiempos fue la famosa 'pecera', aquel mítico escaparate donde señores eternos leían el diario en sillones de orejas como si fueran parte de un decorado decimonónico que tanto nos gustaba observar a los niños en nuestros paseos por la Acera del Casino. Tanto el teatro como aquellos lectores eternos de la pecera desaparecieron con la urgencia rentabilista de estos tiempos que confunden valor y precio y, especialmente, con ese desamor que se tiene a si misma una ciudad donde las instituciones ciudadanas que le dan sentido y vitalidad mueren por dejadez de los que debieran mantenerlas vivas y además dando caña, arte y guerra.

Habrá que compararse para aclarar. Basta pensar en el madrileño Círculo de Bellas Artes o en el Ateneo de Barcelona para entender que cada atesora con mimo un espacio cultural con solera. Es patrimonio de los socios, claro, pero también de toda la ciudad, si la ciudad se pretende libre, cultural y con brío. Aquí aún tenemos el Centro Artístico más que centenario que debiera ser ya casi bien de interés cultural si la retórica política no se quedara en eso, en retórica sin contenido.

Ahora que se quedaba vacía la antigua pecera y su coqueto teatrito del fondo, luego flamante sala de exposiciones, era buen momento para devolver a Granada lo que siempre fue de ella, es decir, de su Centro Artístico, club de inquietos granadinos de todas las épocas que ha visto mermar su espacio operativo a un parco segundo piso habiendo tenido en tiempos todo el edificio. Lo esencial para la ciudad es su ser cultural. Solo hay que traducirlo a un estar cada cual en su sitio.

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