La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

'El terracismo'

Nos gustan las terrazas, pero no ese exceso consentido con permiso tácito de la autoridad. Eso es lo incomprensible

En Granada es notoria la invasión del espacio público peatonal por sillas, mesas y jardineras, a plena vista de la incompetente autoridad competente. Podríamos denominar al fenómeno como el terracismo. Mamparas y sombrillas patrocinadas por marcas de bebidas, avasallan las aceras, estrechas o amplias, invadidas por los bares que buscan fuera el espacio que sus locales no tienen dentro. Compiten en ocupar aceras, en ver quién impide más descaradamente el tránsito a personas, sillas de ruedas y carritos de bebé.

Por algunas aceras de Granada con terraza de bar incrustada, se empiezan a necesitar policías para regular el tránsito, o bien semáforos que repartan público, clientes y camareros, y que haga fluir sin altercados el devenir de unos y otros. El atasco es comparable al de la circunvalación cotidiana. ¿Acabaremos pidiendo número para pasar por el acotado pasillo de la acera, libre de ocupación, para no violentar el turno de quien espera mesa?

En el terracismo que embarga nuestro paseo lo primero es el negocio, y luego pasear sin tropiezos. En las terrazas de los bares, cafeterías, restaurantes y gastrobares se impone la ley del embudo: lo más ancho de las aceras para el bar y lo estrecho para el peatón. El Ayuntamiento parece dispuesto a garantizar la pervivencia de la consolidada costumbre, con la indolencia in vigilando a la que nos remiten cuando el problema a resolver no les resulta simpático. Que no es lugar para selfies ese en el que nuestros gobernantes locales deben obligar a cumplir las ordenanzas municipales vigentes.

Los granadinos somos mucho de bares. Amigos fieles del tapeo y la tertulia en los aires fríos o templados de la calle. No se puede negar la necesidad, y el lujo, que nos garantiza nuestro clima, de poder disfrutar al fresco o al solecito primaveral en nuestras amplias aceras, al amparo de un chin chin y su rica tapa. Como también hay granadinos con derecho a disfrutar libremente del espacio común y transitar por las aceras sin ser declarados culpables por pasear.

Pareciera el terracismo en Granada un dominio privado sobre el espacio público, lo contrario de lo pertinente. Los hosteleros y la autoridad que lo consiente abusan de la paciencia del legítimo propietario del suelo, el pueblo, restringiendo su movilidad para hacer caja con el espacio de todos. Nos gustan las terrazas, pero no el terracismo abusivo, ese exceso consentido con permiso tácito de la autoridad. Eso es lo incomprensible.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios