El duende del Realejo

El toro, los toros…

Todos somos libres de opinar. Pero a mí me seguirá gustando, además, asistir -libre y legalmente- a las corridas

El toro bravo es un espléndido animal que podemos ver y admirar, con cierta facilidad, en las dehesas en que se cría y vive, en régimen de semilibertad, dentro de la Península Ibérica y en algunos estados de Hispanoamérica. Se trata de un mamífero de una belleza sorprendente y con unas específicas cualidades de nobleza y de bravura de sus comportamientos que le hacen absolutamente singular y extraordinariamente atractivo para los amantes de la naturaleza.

Se han escrito centenares de tratados sobre el toro bravo. Ha sido objeto de observación y estudio desde hace siglos y en torno a él se generó toda una cultura que, de formas y maneras diferentes, pero no antagónicas, ha producido un saber legendario en las tierras que circundan especialmente la parte occidental de la cuenca mediterránea y luego, también, en algunas tierras americanas.

La observación de este animal no se ha realizado sólo desde el punto de vista literario; cargado, por otra parte, de un cierto romanticismo; ni siquiera sólo desde una visión costumbrista o paisajística, bucólica, en fin, sino que el toro de lidia ha llegado a generar toda una especialidad científica, dentro de los estudios y la investigación veterinarias.

Pero esta raza de bóvido bravo y de carácter, muy seguramente no hubiese llegado hasta nuestros días a no ser por el interés sobre el mismo para mantener lo que se dio en llamar "La fiesta de los Toros", los diferentes modos y maneras de lidiarlos por verdaderos conocedores de lo que se dio en llamar "La Tauromaquia", todo un conjunto de conocimientos, unidos a una especial capacidad física, que permite al hombre enfrentarse al toro bravo con la muerte de por medio y cada uno de los dos con sus armas, recursos y habilidades. Y es entonces cuando son "Los toros", todo ese complejo mundo que se desarrolla desde la crianza en las dehesas hasta el enfrentamiento en la plaza, ante el público y en medio de la belleza de una especial danza en la que la muerte se decanta hacia uno u otro lado del que ocupan los actores de este dramático y fascinante espectáculo.

Para explicar la tauromaquia serían necesarios gruesos volúmenes que ya han sido escritos, desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Y están asequibles en muchas bibliotecas. Pero en este tiempo reciente ha surgido una corriente de opinión y de violenta y hasta insultante acción, en contra de la libertad en el modo de celebrar las corridas de toros, todo ello al socaire de una pretendida defensa del animal que, hasta ahora, sólo se queda en palabras, en vociferio para apabullar como acción de protesta. Yo sigo creyendo que todos somos libres de opinar. Pero a mí me seguirá gustando, además, asistir -libre y legalmente- a las corridas de toros. ¿O no?

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