En el último día de campaña

En el mundo de las ideas todo queda dicho cuando no se siente nada que decir ni ofrecer

Si alguien esperaba hoy que dedicara unas líneas a recrearme en el ultimo día de campaña electoral, se equivocó. Si esperaban que hoy aprovecháramos para juntos hacer cábalas, encajes de bolillos, pactos, conjuros y un largo etcétera de números para el Senado y otros asientos públicos, lo siento. Nuevamente se equivocaron.

Prefiero hoy apelar a la condición humana, a la única que se mostró capaz estos días de enarbolar en toda su extensión su faceta negativa, esto es, la mentira, el odio, la descalificación, la miseria. Prefiero apelar a la condición humana de cuatro monigotes que cual prestidigitador con chistera y con toda la cuerda dada, trataron de revocar la monotonía de su presencia y discursos, con espectáculos de verborrea pugilística de a ver quién atiza más fuerte. Nada más. Nunca dijeron nada más.

En el mundo de las ideas todo queda dicho cuando no se siente nada que decir ni ofrecer. Por ello quizás nada oímos el lunes, ni tampoco el martes. Lo esperamos, pero la televisión no dijo nada. Verán: la totalidad de su discurso se basó en que no era necesario mensaje, que el mundo va por su inercia, y que por ello no hacía falta que ustedes entendieran nada. Eso sí, votar. Pedirles su voto. El último minuto, el de gloria. O el del silencio que no era tal, ¿recuerdan el lunes? Lo demás, a lo mejor importa, pero poco. Muy poco. O como les decía, nada.

Me sobrarían ejemplos que apuntar, candidatos que vestir de gris porque siempre temen más el daño del contrario que lo que el contenido de su discurso pueda aportar a nuestra España. Se mira a la cámara. Pero nunca a los ojos. Por eso nos descubrimos ante la campaña del desvarío de la inconsciencia, de las flechas cruzadas, del insulto, de la descalificación. Uno ya ni sabe quiénes deban ser los amigos, los que un día se las prometen felices porque gobernarán juntos, por mucho que en campaña se traten de aniquilar. Quizá por ello sea que aún no alcancemos a comprender lo que aportan. O quizá sea que no haya nada que aportar.

Un minuto a los titulares de la verdad, a los dueños de los grupos de comunicación, a los que cada línea de diario se convierte en un parámetro económico, a quienes cada secuencia de imagen solo sirve si el share las aúpa. A ellos también apelo, a su responsabilidad de emitir o comunicar siendo eso, responsables. En ocasiones me pregunto si no será mejor retornar a la carta de ajuste y procurar abrir la emisión, o pasar la página, o programar con la conciencia de haber aportado un poco más de dignidad a este desmedido mundo de ejemplos desterrables.

El domingo termina la campaña. Digo bien. Hasta el domingo, incluso el silencio latente del sábado seguirá siendo parte de campaña. El lunes abrirá de nuevo el mundo. Y como García Márquez, aún creeré que no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra. Que aún habrá tiempo.

Ojalá acierten con su voto. Ojalá acierten.

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