Bloguero de arrabal

Pablo Alcázar

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Una vacuna para el Rey

En 1890, la condesa advierte sobre las señoritas de clase media, o burguesía, que "no sirven para nada"

Este año se conmemora el centenario de la muerte de la condesa Emilia Pardo Bazán. En 1890, la novelista publicó cuatro interesantes artículos feministas en la revista La España Moderna: La mujer española, La aristocracia, La clase media y El pueblo. En La mujer española, no oculta los vicios y defectos de sus compatriotas, pero los achaca al hombre -al patriarcado, de ser hoy- porque, a su parecer, "es quien modela y esculpe el alma femenina". La autora encuentra dos rasgos comunes en las españolas: la religiosidad y "el heroísmo femenil", tan presente en la Guerra de la Independencia. En los otros tres artículos, doña Emilia trata con muchísima más consideración a las aristócratas y a las mujeres del pueblo que a las de la mesocracia. Practica, creo, un feminismo de clase, poco transversal, que no oculta: "No debo seguir tratando de la mujer española sin distinguir las clases sociales en que se divide, dado que la aristocracia, la clase media, la plebe de las ciudades y el campo, producen tipos diferentes". Para Pardo Bazán el rencor que muchas personas manifiestan por las damas aristocráticas se debe a la envidia que las lleva "a creer y repetir que las señoras del gran mundo son todas una especie de Cleopatras o Julias, tan dispuestas a beberse infusión de perlas en vinagre, como a perderse hoy con César y mañana con los gladiadores del circo". A Isabel II, la Reina abuela, exiliada en París (que más que por gladiadores se pirraba por generales y capitanes), le dedica estos elogios: "Desenfadada y aguda, compasiva y burlona; vertiendo gracias a raudales; llana con todo el mundo;…un ejemplar de neto españolismo". Del "gineceo" que era la familia real, doña Emilia escribe maravillas. Pero de las señoritas de la clase media, o burguesía, afirma, taxativa, que "no sirven para nada". En tanto que encuentra virtudes o rasgos interesantes en las plebeyas de los grandes centros urbanos, la obrera barcinonense o la chula madrileña. Derrocha ingenio la condesa en su descripción y evaluación de las españolas. E inventiva de cuentista en su defensa de las aristócratas. ¡Qué faltica le haría hoy en día, sobre todo después de la vacunación de las infantas, a Felipe VI una vacuna literaria contra la peste borbónica tan eficaz como la que Pardo Bazán les inoculó a sus antepasados!

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