Los valores de la Unión Europea son la clave de bóveda que han permitido el mayor avance social, económico y cultural de cientos de millones de europeos desde el final de la segunda guerra mundial. Democracia, libertad, derechos humanos, bienestar social, cohesión y un largo etc de principios que no deben ponerse en cuestión si no queremos dar pasos atrás de incalculables consecuencias.

Viene esto a cuento de la noticia conocida hace sólo un par de días, según la cual el abogado general de la Unión Europea ha rechazado los recursos planteados por Polonia y Hungría frente al mecanismo de condicionalidad, una herramienta aprobada en diciembre de 2020 para asegurarse de que ni un euro de los históricos fondos de recuperación acabe en manos de quienes incumplen el Estado de derecho.

Este hecho puede marcar el rumbo de lo que previsiblemente falle el Tribunal de Justicia de la UE para (de ser así) poder conseguir disponer de una herramienta disuasoria para aquellos países que se salgan del carril de estos valores rompiendo con ello un marco conceptual imprescindible para nuestro progreso común.

La construcción del espacio común europeo conlleva un camino de concesiones paulatinas de soberanía nacional hacia competencias de rango supranacional que, a veces, cuesta entender. Elementos clave incorporados en los valores citados que, cuando pasan a ser competencia supranacional, deben respetarse de manera indiscutible para que se haga realidad la construcción de un espacio común que permita el avance de la sociedad.

De ese carril común se han salido Hungría y Polonia en algunos aspectos concretos en los que está en juego su permanencia armónica en el espacio de la Unión Europea. Y por eso es tan importante esta postura del abogado general porque puede marcar la decisión definitiva del Tribunal de Justicia que, de confirmarse, puede ser un paso decisivo para evitar incumplimientos que afecten a esos valores comunes.

Es comprensible que la construcción de Europa es un proceso complejo que requiere tiempo y muchos cambios tanto legales como de mentalidad social y de país. Por eso, hay resistencias que hacen que estemos aún a medio camino de lo que a muchos nos gustaría que fuera Europa: un espacio federal. Si se llega a cumplir ese objetivo (que es compatible con los planteamientos nacionales), seremos más fuertes para desafiar los retos actuales. Caminar en esta dirección es el mejor de los destinos. Es mi punto de vista.

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