Cambia, todo cambia

Un verano invencible

La generación que llenamos las plazas el 15-M hemos aprendido cómo se ganan elecciones y eso no se olvida nunca

Hace una semana escribía en esta misma columna que si las candidaturas municipalistas no obtenían buenos resultados sería difícil evitar la vuelta a un pasado de gobiernos corruptos que creíamos superado. Lamento profundamente que mis previsiones fueran acertadas, aunque me siento orgulloso de haber ayudado a quienes asumieron la responsabilidad de pelear por que esto no ocurriera. Quiero agradecer el coraje y la ilusión del equipo de Vamos Granada que ha desarrollado un trabajo extraordinario en estos cuatro años y ha cuajado una campaña muy potente, a pesar de la estrategia de acoso y derribo que han sufrido por parte de la derecha corrupta y también de los que supuestamente podrían considerarse aliados. Aparte de aprender de los errores propios, que los hay, la primera lección que podemos sacar de este proceso es la necesidad de la competencia virtuosa que propuso Errejón; explicada con malafollá granaína supondría decirle a los hombres que mandan en la progresía de nuestra ciudad que dejen de ver quién la tiene más grande porque al final lo que han conseguido es pegarse un pisotón en la susodicha.

Al contrario de lo que afirmó algún medio de comunicación, la suma de votantes de Vamos Granada y Adelante, aunque improbable, no hubiera dado 4 concejalías. La reflexión debería girar entorno a la izquierda que ha malogrado las confluencias que no han dejado de perder votos desde el primer acuerdo Podemos-IU hace tres años. Bastante gente avisamos de los errores, algunos mantuvimos el tipo durante el mandato que nos correspondía y pasamos a un segundo plano evitando dar la batalla interna para evitar males mayores. Otros como Errejón tuvieron la valentía de apostar por Madrid y el resultado que han obtenido avala su hipótesis transversal, pues han conseguido que en medio de la debacle se mantengan los escaños obtenidos en 2015 aunque esté en el aire el gobierno de la comunidad y del Ayuntamiento de la capital.

Mi compañero ecologista Kois habla del corto verano del municipalismo, aunque yo me identifico más con esta frase de mi tocayo Albert Camus: "En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible". No es romanticismo, sino un grito de esperanza en la Europa ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial. En nuestros sures, en nuestra Granada, los veranos son invencibles y por lo tanto, la esperanza es infinita. La generación que llenamos las plazas el 15-M hemos aprendido cómo se ganan elecciones y hemos demostrado que se puede gobernar y hacer oposición para la gente, y eso no se olvida nunca.

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