Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

La verdad

Los atentados contra nuestro patrimonio también pueden ser producto de la dejación en su conservación

A la vista del lamentable estado de conservación de muchos de los bienes del patrimonio histórico de Granada, como granadina, me pregunto dónde queda el cumplimiento del contundente principio "los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad".

Como supongo advertirán, este principio es el que contempla el artículo 46 de nuestra Carta Magna, conforme al que asimismo "la ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio", patrimonio histórico entre el que evidentemente también se encuentran numerosos monumentos de Granada, algunos de ellos emblemáticos, de titularidad pública y Patrimonio de la Humanidad.

Pero los atentados contra nuestro patrimonio no piensen que sólo se producen por el vandalismo y el grafiterismo de unos cuantos, tolerado por los regidores municipales y autonómicos -lo que los ha acentuado en los últimos tiempos-, sino que también pueden ser producto de la dejación en su conservación por parte de los poderes públicos encargados de la misma, dejación por motivos de lo más variados.

Cuando hago esta triste reflexión sobre la triste realidad del patrimonio monumental granadino, no puedo dejar de traer a mi memoria los impolutos monumentos sevillanos, qué perfectos los tiene la Junta andaluza, qué bonita tiene a Sevilla, se ve que allí cumple a plenitud el mandato constitucional.

Pero no soñemos… volviendo a la aciaga realidad monumental de nuestra granadina tierra, por más que las autoridades públicas aseguren que el patrimonio monumental granadino va viento en popa y a toda vela, la realidad es otra bien distinta, porque, como decía Francis Bacon en el s. XVI, "la verdad es hija del tiempo, no de la autoridad", y corroboraba Antonio Machado más de tres siglos después: "La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés".

Y es que, aunque esa autoridad que quiere imponer su relato, quiera que pensemos al revés, en esta infausta época de la postverdad, más bien de la maxifalacia, que nos ha tocado vivir, "hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad" (Platón), y lo que los granadinos vemos en verdad es otra realidad monumental completamente distinta.

El Maristán, la Alcazaba Cadima o la Fundación Rodríguez-Acosta, en lamentable estado, son sólo algunos ejemplos de ese abandono al que nuestros actuales gestores nos tienen condenados.

En fin, Intelligenti pauca, como dijera Plauto.

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