La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La otra vía

Sólo con vivir ya te enteras de que los palos te llegarán sí o sí y que sólo te queda tomártelos mejor, de otra manera

Aprendemos con el paso de la vida a sortear de otro modo las amarguras de la vida. Especialmente, aprendes a no evitarlas sino a enfocarlas de mejor manera, sin necesidad de ser un monje de esos sabios de las pelis ni un psicólogo ni un sesudo escritor. No. Sólo con vivir ya te enteras de que los palos te llegarán sí o sí y que sólo te queda tomártelos mejor, de otra manera.

Ejemplos a seguir en esta otra vía los hay a porrillo. Algo así fue lo que Serrat apuntó cuando, recién diagnosticado un cáncer, dijo ante los sorprendidos periodistas que le observaban con el ánimo entero y hasta una sonrisa: "No importa lo que te pasa sino cómo te tomas lo que te pasa". Más que una frase de curso de autoayuda a precio de oro en cualquier centro budista americano, aquello era una declaración de fe en la vida de un hombre valiente que le ha mirado la cara a todos los fascismos, incluido el del lazo amarillo. Y con esa actitud de tomárselo de otra manera fue con la que logró sortear semejante trance y hasta volver a cantar de alegría.

Ese Joan Manuel Serrat sonriente y altivo ante la desgracia repentina se me convirtió en todo un tótem a tener presente cuando se abre paso la amargura en la vida producto de un contratiempo o una situación sobrevenida.

Lógico que se nos nuble el semblante, pero más lógico aún será mirarle a la cara al contratiempo o desagradable sorpresa y plantearse si sería mejor tener una de esas vidas planas estilo meseta esteparia en las que se han cercenado los imprevistos y, en consecuencia, la oportunidad de verle la cara desagradable a la vida.

Si optas por esta otra versión de orientar tus días, puede que llegues incluso a agradecer que lleguen los nubarrones, como cantaba también George Brassens en aquella tórrida tormenta, porque le dan variedad al paso de los días; y hasta asumes que los amigos te defrauden incluso, para convencerte ya del todo de que ellos son demasiado libres como para cumplir tus expectativas. Te vuelves de esos que las ven venir y buscan más cómo encajar los golpes en lugar de huir de ellos, porque sabes ya bien que en cada herida que cicatrizó en tu biografía quedó un poso de verdad y de paz que ya no cambiarías por nada, como no cambias la sabiduría eterna tan mediterránea de Serrat por otras extrañas, flojas, pobres y mercantiles filosofías.

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