Lapidario

El viaje a ninguna parte

Las políticas culturales de esta ciudad son cortoplacistas, improvisadas o directamente inexistentes. Basta con ver la programación de buena parte de los espacios e instituciones públicas para darse cuenta. Los cambios en el gobierno (municipal, regional y nacional) propician en parte estos problemas: nacen nuevos festivales y mueren otros (y todo el trabajo hecho a la basura). ¿Recuerdan el Retroback? Luego pasó a ser Cinema Paradiso y ahora no existe. Como tampoco Cines del Sur, que se suprimió el año pasado y no se ha vuelto a saber nada de él. De proyectos como el Teatro de la Ópera a la Ciudad del Rock tan sólo quedan rastros en placas y en hemerotecas. Ahora hay centros culturales y festivales públicos con un presupuesto ínfimo y una programación chusca (basada en el amiguismo, entre otras cosas; pónganse a hilar y relacionar a unos con otros). Todo es producto de la mala gestión institucional, que se apropia de los inmensos esfuerzos de organizaciones y personas para quedar bien de cara a la galería. Vivir en un espejismo continuo y a salto de mata compensa en una sociedad líquida. ¿Cómo vamos a ser Capital Cultural Europea si partimos de un viaje a ninguna parte?

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