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Bloguero de arrabal

Pablo Alcázar

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El voto de la ira femenina

¿Por qué Arrimadas, Montero o Sáenz de Santamaría no son las candidatas de sus partidos a la Presidencia del Gobierno?

La revista Lecturas comenzó a publicarse en Barcelona y Madrid en 1921. En junio de 1936, un mes antes de que estallara la Guerra Civil, daba un poema de la escritora Pilar de Plasencia titulado Invocación a Dulcinea del Toboso, que decía: "¡Dulcinea!, ¡Nuestra hermana! / ¡Ya han muerto los caballeros! / Ya no brillan sus aceros / en la tierra castellana / […] ¡Tus hermanas, Dulcinea, / estamos desamparadas! / Ya no nos quedan espadas que brillen en la pelea / por el amor consagradas, / que por el hombre olvidadas / ya no lucha por nosotras…". La autora llama a los caballeros salvadores -¿Mola, Franco, Queipo?- para que restablezcan el orden. 83 años después, la diputada de Vox Rocío de Meer, en un mitin, también ha echado de menos al "genuino caballero español", el que cedía el paso a la mujer y la protegía (¿?). Ni esta diputada ni las españolas que la votan dan el perfil de mujeres sumisas. Creo que su añoranza por el pasado obedece a causas distintas de las que llevaron a Pilar de Plasencia a escribir su poema dedicado a Dulcinea. Más bien expresa la desilusión que sienten muchas mujeres que han ocupado con esfuerzo cargos, trabajos y responsabilidades en la vida pública, por el papel secundario que les otorgan sus compañeros de trabajo o profesión. ¿Por qué Sáenz de Santamaría, Montero o Arrimadas, mujeres inteligentes y valiosísimas, no son las candidatas de sus partidos a la presidencia del Gobierno y sí lo son hombres mediocres, como Casado, Rivera o Iglesias? No hay que descartar que bastantes mujeres se estén dando cuenta de que se las ha timado un poco. Trabajan como mulas fuera de casa, en la mayoría de las ocasiones con sueldos inferiores a los de los varones y, además, tienen que seguir desempeñando el papel de cuidadoras en el hogar, atendiendo a niños y mayores, con escasa colaboración de sus parejas. No quieren, ni mucho menos, dilapidar lo conseguido y volver a la casa con la pata de los derechos rota. Lo que quieren es recuperar las ventajas del desvalido, del que necesita protección y mimo, las ventajas de ser el "ángel del hogar" del Romanticismo, para desde ahí, y manejando las quejumbrosas armas de la víctima, reordenar lo público y lo privado. Que las cuiden en privado y que las respeten en público. Airadas, nos avisan con sus votos.

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