En los albores del procés un movimiento invadió las autopistas de peaje de Cataluña. "No vull pagar" ("No quiero pagar", en castellano) es lo que decían los usuarios a los encargados de cobrar por el uso de estas carreteras de alta capacidad. La campaña llegó a ser tan masiva que casi todo el que llegaba a una caseta de pago, pancarta en mano, se negaba a desembolsar la cantidad correspondiente y pasaba gratis. El amarillo se ha convertido en el color del procés. Y esta imagen tomada en pleno asfalto granadino, de alguna forma, dice que el plan del Gobierno para cobrar en las autovías debe irse a las cloacas.

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