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Primer aluvión de migrantes

Estrechar lazos con Marruecos en materia de inmigración sirve de poco si desde la Unión Europea no se alcanza un compromiso serio

La avalancha de pateras que, coincidiendo con el buen tiempo, ha llegado a la costa gaditana en las últimas 48 horas, ha inaugurado una nueva temporada que se prevé más que complicada para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que vigilan las aguas del Estrecho. Policía Nacional y Guardia Civil temen que este año se pueda superar la cifra de 2018, cuando Salvamento Marítimo rescató a unos 50.000 migrantes, el triple que en 2017. Este incremento vino precedido de las directrices impulsadas en Italia por su vicepresidente del Gobierno, el ultraderechista Matteo Salvini, que limitan la protección de los inmigrantes más vulnerables y facilitan las expulsiones, lo que provoca que las mafias apunten con más determinación al litoral andaluz.

Alrededor de 7.000 personas se han dejado la vida tratando de alcanzar las costas de Andalucía en los últimos 30 años, y en este tiempo el consenso ha brillado por su ausencia en materia de inmigración en la Unión Europea, cuanto menos en la creación de un sistema de reparto más generoso y con un compromiso serio con los países receptores como la propia Italia, Grecia y España. Mientras que Europa no logre un acuerdo global, de poco servirá la colaboración entre la Administración española y la marroquí. El presidente andaluz, Juanma Moreno, apostaba el pasado martes, en su encuentro con André Azoulay, el consejero para asuntos económicos del Rey de Marruecos, por "estrechar" las relaciones con el país vecino. Y la ministra de Defensa, Margarita Robles, resaltó ayer en la Base de Morón la colaboración entre España y Marruecos. Pero si desde Bruselas no se destinan los recursos suficientes para sostener la labor de salvamento -que en Andalucía mantiene en alerta a centenares de efectivos- de poco servirá este entendimiento, porque seguirán calando los discursos más populistas y de extrema derecha en la sociedad.

Sólo en las últimas horas, en lo que se podría denominar una prueba de esfuerzo, a la vista del aluvión de pateras más que previsible que se avecina, la Guardia Civil rescató a unos 300 migrantes a bordo de ocho pateras -una mujer falleció en la travesía- desde la costa cercana a Tarifa a la playa de Cortadura, en Cádiz. Y de no ser por la heroica actuación de cinco agentes en la madrugada del lunes al martes, que lograron alejar a una de las embarcaciones de la zona de los arrecifes, la tragedia habría sido similar a la que le costó la vida en noviembre pasado a 26 personas, frente a Caños de Meca. Por ahora, las comisarías, los juzgados y los centros de atención a los inmigrantes han resistido este primer asalto sin verse desbordados. Pero a medida que lleguen más pateras según se acerque el verano, será cuestión de tiempo que la migración vuelva a desbordar todas las previsiones.

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