Ayudas afectas a lo de siempre

El anuncio de la Consejería de Cultura de destinar 500.000 euros a la adquisición de obras y apoyar a los artistas y galerías de Andalucía, pese a la buena nueva, se ha tornado en decepción

Monasterio de La Cartuja de Sevilla Monasterio de La Cartuja de Sevilla

Monasterio de La Cartuja de Sevilla / Juan Carlos Vázquez

La Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía destinará 500.000 Euros para la adquisición de obras para APOYAR a los artistas y galerías andaluces ante la interrupción de las actividades expositivas y ventas de arte a causa de la alerta sanitaria del Coronavirus que ha obligado a la paralización de la actividad económica y profesional de este sector”. Ese era el comunicado de la Consejería anunciado la buena nueva. Creo que este enunciado fue lo más importante.

Después vendría la absoluta decepción. No era habitual que una institución se gastará un pellizco importante para, supuestamente, ayudar a la creación artística. La pandemia y sus circunstancias parecía que habían hecho recapacitar a nuestros políticos y, por fin, las Artes Plásticas, tan dejadas de la mano de Dios, iban a verse apoyadas ante la incertidumbre social que se nos avecinaba por culpa del Covid-19. Todo maravilloso y alegría infinita al ver que los tiempos habían cambiado y los gobernantes, por fin, mostraban señales de conciencia hacia lo artístico. Pero claro, la idea era una cosa y su proceso otra muy distinta. Al conocerse los nombres de quienes habían sido elegidos para seleccionar las compras, todo cambió.

El arte andaluz es muchísimo más de lo que algunos se creen

En una primera instancia habría un órgano de selección presidido por Mar Sánchez Estrella (Secretaria General de Innovación Cultural y Museos) y compuesto por Pía Halcón Bejarano (Directora General de Innovación Cultural y Museos), Juan Antonio Álvarez Reyes (director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), Yolanda Torrubia Fernández (Conservadora Jefe del Servicio de Actividades y Difusión del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo) y Eva González Lezcano (Jefa del Departamento de Artes Visuales de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales). Dicho órgano debería seleccionar un máximo de 75 obras, que tendrían que ser sometidas a la consideración de una Comisión Técnica del CAAC –Centro Andaluz de Arte Contemporáneo–, cuya composición sería: Natalia Bravo (profesora Universidad de Málaga), Juan Cuenca (artista y arquitecto), Juan Bosco Díaz Urmeneta (profesor jubilado de la Universidad de Sevilla y crítico de arte), Estrella de Diego (catedrática), Francisco Jarauta (catedrático), María Dolores Jiménez-Blanco (profesora), Luisa López (ex directora del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla y comisaria de exposiciones), Víctor Pérez Escolano (también, ex director del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla y arquitecto), así como las comisarias Ana Salaberria y Berta Sichel. Esta comisión estaría presidida por el Director del CAAC.

Todo este equipo rompía manifiestamente con las ilusiones de muchísimos. Se comienza a sentir cierto tufillo de que los tiros irían por donde siempre. Se sabe que tales nombres estaban detrás de unos gustos por un arte muy sesgado. Toda la profesión conocía a tales “expertos”; sabían de sus intereses, de sus aficiones, de sus inclinaciones estéticas y artísticas... hasta del color dominante de sus gustos. Muy mal se empezaba. La convocatoria planteada de esa manera, con tal jurado, iba a dejar atrás a muchísimos artistas. Se echaba en falta nombres que verdaderamente –y no de oídas– conocieran lo que se hacía por toda Andalucía y cuáles eran las auténticas necesidades de los muy buenos artistas que existían por todo el territorio. Porque el arte andaluz es muchísimo más de lo que algunos se creen.

El desenlace de la convocatoria, un absoluto desatino que hace, cuando menos, sonrojar

El otro día se hizo público el desenlace de la convocatoria. Un absoluto desatino que hace, cuando menos, sonrojar. En primer lugar llama la atención la participación: 1.517 ofertas de adquisición. ¿Cómo es posible, con una nómina tan elevada de artistas en Andalucía, que sólo hayan presentado su propuesta esa escasísima cantidad? La respuesta es contundente: porque el personal no se fiaba de lo que había y de quienes había. Esa es la primera interrogante, después surgen muchísimas más. ¿Es esto una verdadera ayuda al arte en tiempos tan duros? Es ayuda a unos pocos que, curiosamente, están en todos lados, a la mayoría no les hace falta tales ayudas. En el caso de las galerías, bastantes de los nombres de artistas que aparecen con obras adquiridas, pertenecen a galerías de mucha, muchísima, entidad, con un catálogo muy cerrado de artistas; la inmensa mayoría de las otras –pocas– que quedan en Andalucía ni siquiera han presentado ofertas, sabiendo lo que deparaba la convocatoria.

¿Es de recibo que ciertos artistas, de manifiesto renombre, se presenten o dejen que sus obras sean presentadas por sus galerías, sabiendo cómo está la profesión? Todos, en el panorama artístico, conocemos que existen muchísimos –pero que muchísimos– artistas que no están en los espacios de élite como algunos de estos “afortunados”, que están pasando por muy malos momentos y que se les avecina otros peores. ¿Es posible que el Jurado, no haya tenido nada de esto en cuenta ? Se les supone un conocimiento de la realidad. ¿Se debe esperar a una convocatoria como esta para que el CAAC pueda adquirir obras de José Ramón Sierra, Chema Cobo, Teresa Duclós, Rafael Agredano, Miki Leal, José Miguel Pereñíguez o José Piñar, por citar a algunos? ¿Cuántos de los artistas seleccionados han expuesto ya en el CAAC y la institución dispone de obras? ¿Es esta la verdadera manera de ayudar a los artistas y a la creación plástica?... Muchas dudas, muchas preguntas en el aire y más respuestas que se hacen necesarias.

Esta convocatoria de supuesta ayuda a lo artístico sólo ha contentado a los cuarenta y cuatro artistas cuya obras ha sido adquirida. Creo, además, que algunos de estos debería sentirse avergonzado. También, considero que ha sido la mejor manera de que la Junta colabore en acrecentar la colección del Centro, de una manera fácil pero poco justa.

Creíamos, de verdad, que los tiempos habían cambiado y que las formas eran otras. Pero siguen los mismos afectos a los intereses de un arte dominado desde el mismo sector. ¡Una verdadera pena!

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