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Tribuna

jAVIER gONZÁLEZ-cOTTA

Escritor y periodista

Ciudadanos y el extremo centro

Ciudadanos y el extremo centro Ciudadanos y el extremo centro

Ciudadanos y el extremo centro

Siempre ha habido viajes al mundo extremo. Por las briosas conquistas de Alejandro Magno y por los insólitos relatos de Marco Polo, el hombre europeo conoció que existían tierras ignotas, alcanzadas por el benigno halo del sol naciente. Era el Extremo Oriente.

El viaje hacia sus marcas remotas, atravesando planicies y cordilleras, ciudadelas y tierras de frontera, barbacanas y caravasares de la Ruta de la Seda, llevaron a mercaderes y viajeros hacia el este extremo, a los confines de la raza colérica, como llamaría Lombroso a los amarillos asiáticos.

Hoy por hoy la ideología se reparte en regiones de geografía humana. El viaje ha acabado en viraje. Quienes habitan en regiones extremas están mal vistos. Cuando se habla de política en el bar o en el gimnasio, el término extremo ya no remite a ningún lugar que pueda concitar misterio, promisión o sutileza. Todo lo que es extremo remite a un lugar supuestamente bronco o desagradable.

La extrema derecha de Vox ha venido para diferenciarse de la "derechita cobarde" del PP, como gusta decir al ínclito Santiago Abascal. Pero resulta que al partido del cruzado español lo llaman "el PP vestido de verde", como remata Norberto Pico, líder de Falange, lo que ha sido traducido en las redes: "Vox o la ultraderechita cobarde".

Por la izquierda los extremos son variopintos. Podemos concita el polo extremo a la siniestra. En su primera hora se vieron emergidos como marea transversal. O sea, un tinte rojo de la morada Castilla comunera, con su furor asambleario y coñazo, unido todo a un programa anticapitalista 2.0. Ahora Podemos se presenta como la socialdemocracia sin lija, a diferencia del PSOE de Sánchez, que se deja perder aceite al menor descuido.

En el subconsciente colectivo, gracias al agitprop y a la molicie intelectual, la extrema derecha sigue remitiendo al colmillo, a la caverna, al peor espíritu bizarro. Pero hablar de extrema izquierda todavía no provoca súbito rechazo. El comunismo de toda laya ha escrito con creces el mayor libro negro de la historia. El fascismo, con sus muertos y asesinados al por mayor, se queda en una truculenta nadería.

No obstante, en los picnics y manifestaciones de las llamadas gentes de progreso es habitual ver ondear banderas con la hoz y el martillo. Casi nunca, en casi ninguna ocasión, se ven ondear banderas con el cangrejo bordado en grana o en negro, salvo en citas residuales. En su día los extremos de la Medusa, comunismo y fascismo genuinos, defendieron por igual la justicia social.

El caso es que ahora a los naranjitos de Cs les ha salido un brote de Extremo Centro. Con los años a Cs se les ha llamado la derecha pop, el liberalismo guapo, la cuadrilla joven del Íbex 35, la marca blanca del PP. En su seno Cs siempre ha hablado de centrismo liberal, aunque su pretendido hueco en la política española le ha hecho servir de bisagra, de veleta tornadiza, así sople la tramontana o el viento céfiro. Pero ocurre que justo ahora, como decíamos, en el supuesto partido del centro ha brotado el Extremo Centro. ¿Se puede ser de centro y extremo? ¿Es una broma o qué?

Pues sí, por ahí va la cosa, puesto que se trata de una humorada. Extremo Centro resulta ser un programa de humor político y cultural ideado por cuatro liberales centristas (dos de ellos pertenecen a Cs y lo confiesan abiertamente). Viene a ser una suerte de soft power liberal, emitido por internet y cuyos podcast reúnen ya a más de 5.000 oyentes. Quieren gritar con orgullo que se puede ser "un moderado de clase media y estar orgulloso de serlo".

En los podcast de Extremo Centro se hace parodia de los extremos voxeros y podemitas sobre todo. Pero todo el paisanaje da su juego. De ahí las gárgaras castrenses de Ortega Smith evocando a los tercios de Flandes. O el retrato trino la noche electoral de Casado, Teodoro García y el mediático Suárez Illana (hasta El entierro del Conde de Orgaz transmite mayor esperanza que aquella enlutada puesta en escena).

A menudo los pruritos extremos convierten a Podemos en una sucesión de memes en tiempo real (por cierto, ¿cuándo se darán cuenta de que Alberto Garzón es un cenizo crónico?) Y si es evocando la noche electoral, nadie olvidará el extremo soft y rosa de doña Carmen Calvo en la balconada de Ferraz, en la que lucía su camiseta de Mango con el lema Yes, I am a feminist. La impostura ha llegado a un punto de ridiculez… extrema.

No podía faltar en Extremo Centro el reírse de uno mismo, del ser naranjito y de su hontanar espiritual: el centro moderado. Al fin y al cabo, el centro de todo en la vida es el humor. Al liberal de centro se le cuelga la imagen del paniaguado, del pescado en blanco. Ahora, el PP de Casado quiere viajar al centro, pero llega tarde en su tornaviaje. Centrados en tu futuro es su nuevo lema (tradúzcase por Centrados en la depresión). Quien hoy viaja al centro lo hace en pos del Extremo Centro.

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