Tribuna

Javier Castejón

Doctor en Medicina y Cirugía y experto en Epidemiología y Metodología de la Investigación

Coronavirus: error humano

La ciencia señala la destrucción de los ecosistemas con la aparición de pandemias Hay que definir estrategias globales ante los problemas de salud planetaria en el siglo XXI

Los virus dormían en la naturaleza hasta que llegaron los humanos Los virus dormían en la naturaleza hasta que llegaron los humanos

Los virus dormían en la naturaleza hasta que llegaron los humanos / Rosell

Los virus dormían en la naturaleza hasta que llegaron los humanos. Y entonces se rebelaron cuando se percataron de que éstos, de seguir el camino marcado por su voracidad, acabarían con toda la vida reinante en el planeta azul.

Este comentario podría parecer una exageración histriónica y culpabilizadora para explicar la actual pandemia que, de momento, ha supuesto la muerte de más de dos millones de seres humanos en menos de un año.

El hombre lleva décadas invadiendo terreno salvaje donde habitan millones de microorganismos susceptibles de saltar al ser humano e infectar la vida de éste, resultando así que unas diminutas esferas de entre 80 a 200 nanómetros de diámetro amenazan y atenazan a una especie que se pretende reina de la creación, por cuanto su capacidad de invención le había dotado para matar elefantes con rifles, construir puentes para cruzar los ríos, pisar el suelo de la luna o enviar información a todo el planeta con solo clicar una tecla de su ordenador; le había dotado, en fin, de posibilidades que le hicieron pensar en su carácter invencible, llegando con sus inventos incluso a prolongar su propia vida y la de sus congéneres decenas de años y comenzar a soñar con una longevidad cercana a la eternidad de los dioses.

¿Cómo ha sido posible entonces que este diminuto coronavirus esté siendo capaz de quebrar la vida de los humanos, obligándoles incluso a refugiarse en sus casas como animales que se ocultan temerosos en la madriguera ante la llegada del enemigo?

Juega un papel muy importante la globalización del consumo desenfrenado

De él sabemos que necesita lo mínimo para sobrevivir y reproducirse, pues una vez penetra en las células del huésped humano infectado, secuestra su maquinaria para comenzar a hacer copias de sí mismo, reproduciéndose en partículas virales completamente nuevas, para expandirse por todas partes al asalto de otras células.

Su característica más terrible consiste en viajar en las gotitas de saliva y adherirse a las manos al tocar objetos como el plástico, vidrio o metal, en cuyas superficie sobrevive varios días. No es muy sofisticado, pero es eficaz.

¿Y por qué saltó específicamente al ser humano, y viaja como un fantasma entre estos e infectando a éstos?La ciencia de hoy afirma que existen factores que desencadenan la aparición de nuevas patologías que afectan a los humanos. Los principales son las grandes aglomeraciones y desplazamientos de las personas, así como la mezcla de especies que en el entorno natural no se juntarían. Pero también señalan la destrucción de los ecosistemas como directamente relacionada con la aparición de pandemias.

En este escenario juega un papel igualmente importante la globalización del consumo desenfrenado y la generalización de materiales sintéticos (vidrios, plásticos y otros), que solo el ser humano es capaz de construir, y que el virus busca afanosamente para repartirse por la superficie de la tierra. En suma, el virus prolifera gracias al apetito insaciable que muestra el ser humano para consumir, poseer, traficar, y conjugar todo verbo que lleva a destruir su propio entorno natural.

Algunos científicos llegan a etiquetar esta pandemia como de aviso de la naturaleza para que el ser humano busque otros caminos de desarrollo, que no los actuales que llevarían al planeta a la catástrofe.La propia ONU ha anunciado en su ultimo Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que intensificará su trabajo para mapear amenazas de este tipo y reducir el riesgo de futuras pandemias. Para ello, sugiere promover más empleos verdes, restaurar los ecosistemas y la biodiversidad, reducir la contaminación y luchar contra el cambio climático.

¿Aprenderá la lección el ser humano y dejará de consumir más de lo que el planeta puede dar?

¿Aprenderá la lección el ser humano y dejará de consumir mas de lo que el planeta puede darle? ¿O se limitará, una vez controlada la pandemia, a observar lo pasado desde el trono de su vanidad para volver a sentirse rey del planeta y continuar destruyéndolo?

No faltan ni han faltado voces que, ahora y desde siempre, llaman y han llamado con voz clarividente a una nueva forma de convivencia humana, tanto entre los propios seres humanos, como en su relación con el planeta.

El pasado 1 de septiembre de 2020 fue el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. El Papa Francisco señaló la pandemia como una oportunidad importante para comenzar a proteger nuestro hogar común.

Hace ahora 166 años que el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish, en carta dirigida al entonces presidente de los Estados Unidos, le decía que "la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra, ya que el hombre no ha tejido la red de la vida, sino que es sólo una hebra de ella y todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo", concluyendo en que "lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra".

Seguía el jefe amerindio pidiendo al hombre blanco que no tratara a su madre, la tierra como si fuese cosa que se puede comprar, saquear y vender, ya que, de seguir así, este insaciable apetito devoraría la tierra y dejaría tras sí sólo un desierto.

Estas voces deben ser escuchadas y comprendidas, para definir estrategias globales que nos permitan hacer frente juntos a los grandes problemas de salud planetaria del siglo XXI, como esta primera pandemia que ahora nos asola.

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