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Tribuna

Alfonso Lazo

Historiador

La desafección

Si el PP de Casado hubiera hecho caso de los opinadores que le aconsejaban "no girar a la derecha" hoy estaría desaparecido de Andalucía, y Vox tendría 24 escaños

La desafección La desafección

La desafección / rosell

Un joven bueno al que conozco de cerca, maduro, estudioso, serio, con 18 años recién cumplidos votaba por primera vez el pasado 2 de diciembre. Cogió una papeleta al azar, la rompió en cuatro pedazos y la metió en el sobre. Voto nulo. Era lo que a mí también me pedía el cuerpo; y pienso que quienes no votaron, o votaron en blanco o votaron a Vox tenían la misma intención: mostrar su desprecio hacia los mediocres que se presentaban como candidatos a presidir la Junta. Sin embargo, esa desafección explícita sumada a los que sí votamos aquello que votamos, ha tenido unas consecuencias portentosas que más que un hecho político cabe interpretar como un hecho cultural de fondo.

Es bien conocida la tesis de Gramsci: un poder político estable que suponga un cambio radical con lo anterior sólo es posible si primero se ha ganado la batalla cultural. Cultura, en este caso entendida en su sentido más amplio: una nueva cosmovisión, un nuevo paradigma, otro imaginario colectivo. Eso es, justamente, lo ocurrido en Andalucía el pasado 2 de diciembre: una nueva época puede comenzar. Puede.

El cambio vivido el domingo, trágico para el PSOE, ha puesto de manifiesto una amplia desafección. No una desafección hacia la democracia, pero sí algo que va mucho más allá de Andalucía y responde a un hartazgo cultural que crecía oculto desde hace mucho: hartazgo de tanta "corrección política", de tanto buenismo, de tanto pensamiento y lenguaje obligatorios, de tanto intervencionismo, de tanto guerracivilismo como se cultiva desde Zapatero para acá; hartura, en fin, de tanta cobardía, ambigüedades y cesiones ante los separatismos, de tanto no poder gritar viva España sin ser acusado de fascista.

Desde los primeros días del primer Gobierno de Zapatero, la izquierda clásica desapareció de España arrastrando tras ella hacia la nada los valores, las ideas y el lenguaje que le habían dado personalidad histórica. Su lugar y su nombre fueron usurpados de inmediato por la progresía, cuya identidad viene marcada por la inmadurez, la ignorancia y la ineficacia; una autoproclamada izquierda que ahora, por pura táctica de supervivencia, nos grita con un falso terror: "¡Niños, cuidado que viene el coco de la extrema derecha!"; cada día lo repite sin descanso la RTVE sanchista en sus fervorines laicos. Patético PSOE que pide la unión sagrada de los "partidos constitucionalistas" a fin de frenar a Vox. ¿Está acaso Vox en contra de la Constitución? Nunca lo ha dicho. Quienes sí lo dicen con voces y gestos son los golpistas catalanes y los arcaicos podemitas, socios mantenedores de Pedro Sánchez. Dicen que Vox es anticonstitucional porque está en contra del Estado autonómico. ¿Cultiva, pues, el fascismo don Manuel del Valle? Hace poco en una entrevista de prensa dijo que frente a las autonomías él se sentía jacobino. ¿Es de extrema derecha Francia?, porque resulta ser el país más centralizado de la UE. Defender el estatus actual de las autonomías, o bien su modificación, nada tiene que ver con ser de derechas, de izquierdas o de extrema derecha.

El mismo día de las votaciones andaluzas escribí en este periódico (perdón por la autocita) sobre las dificultades de seguir utilizando términos políticos caducados como "derechas" e "izquierdas" que en absoluto responden ya a sus orígenes históricos; y hablaba también en ese artículo de que la llamada "extrema derecha" nada tiene que ver con el fascismo y no pasa de ser un mero insulto. Si el PP de Casado hubiera hecho caso de los opinadores que le aconsejaban "no girar a la derecha" hoy estaría desaparecido de Andalucía, y Vox tendría 24 escaños. La decadencia del Partido Popular de Rajoy se ha debido no a su derechización, sino a todo lo contrario: haber interiorizado el mito falaz de "la superioridad moral de la izquierda", y haber sido por ello incapaz de oponerse a los contravalores de la progresía: ludismo, igualitarismo por abajo, rechazo de la excelencia, aceptación de la "leyenda negra" sobre España, Iglesia Verde, ideología de género, anticristianismo militante, sectarismo; Vox ha recogido los que el PP dejó tirado.

El desplome de la Situación andaluza de 40 años requerirá especial finura política y sentido del Estado en las tres organizaciones (PP, Cs y Vox) llamadas a su reconversión. Si alguno de sus líderes no se encuentra a la altura requerida o bien, por intereses partidistas, hiciera imposible el cambio, la desafección de hoy se convertiría en un temible rechazo hacia la democracia misma.

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