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Manuel Díaz 'El Cordobés' y Juan José Padilla, a hombros en la feria de Guadix

  • Los toreros cerraron la tarde en la plaza de la localidd con siete orejas y dos rabos

Los dos toreros, a hombros. Los dos toreros, a hombros.

Los dos toreros, a hombros. / j. m. a.

Demasiados trofeos para los méritos realizados en la tarde de ayer en Guadix. Siete orejas y dos rabos, repartidos entre Manuel Díaz y Padilla.

Por delante actuó el rejoneador Manuel Manzanares, le tocó en suerte un toro colorao de capa, de nombre Tutor, pasado de kilos y que apenas tuvo movilidad, lo que dificultó la faena del caballero, que solo puso un rejón de castigo ante la falta del fuerza del animal, con banderillas poco pudo hacer, intentándolo con tres cortas. Mató de dos rejones muy traseros, y su labor fue silenciada.

Manuel Díaz 'El Cordobés', se presentó ante un toro que era pequeño para novillo, muy protestado por el público. De nombre Colchonero, negro, muy flojo y desrazado. Se vió obligado a realizar la faena intentando que el toro no se cayera, con la muleta muy alta. Mató de estocada entera y fue premiado con una oreja. En su segundo toro, cuarto de la tarde, negro de capa y de nombre Rosito, también sin fuerza, tuvo problemas para recibirlo con el capote. Empezó la faena desconfiado, pero pronto supo ver que el pitón izquierdo era el bueno, y realizó cuatro buenas tandas al natural, para acabar en el 'salto de la rana', muy apreciado por el público que llenó los tendidos. Tras estocada entera, fue premiado con dos orejas y rabo.

Juan José Padilla, que fue el triunfador de la tarde, se vió de inicio con un toro negro burraco, de nombre Berlanguito, al que recibió con una larga cambiada de rodillas y buenas verónicas. Castigó en exceso al toro en el caballo, y se le paró. Ante la imposibilidad de realizar faena, echó mano de los desplantes, pases de rodillas, y arreones, que animaron al público.

Una estocada entera le valió para recibir dos orejas y rabo. En el que cerró plaza, otro toro muy flojo, colorao de capa y de nombre Madamito, lo recibió con aseo con el capote. Apenas le señalaron un puyazo, parecía que Padilla vio calidad en el toro, y desde el tendido también lo parecía, pero fue solo una ilusión. Nada más comenzar la faena de muleta se puso a la defensiva, desluciendo las tandas que intentó el diestro. Al final, al igual que con su primer toro, tuvo que echar mano del tremendismo. Otra buena estocada y de nuevo máximos trofeos para el jerezano: dos orejas y rabo.

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