Salud y Bienestar

El corazón también se entrena

  • Todavía no nos hemos dado cuenta de la realidad del problema. Los días, semanas, meses y años pasan como si fuesen segundos, pero afortunadamente algunas cosas han cambiado mucho en nuestra sociedad. Aunque resulta difícil saber si para bien o, mirando al futuro, para mal.

Hace un siglo, un tercio de la energía gastada en fábricas y el campo en España era de origen humano y actualmente, menos del 1% del total de esta energía proviene de la fuerza muscular del hombre. El sedentarismo es un problema grave y agobiante para las poblaciones desarrolladas, especialmente porque debe percibirse como un concepto más global, incluyendo no sólo la falta de hábito por el ejercicio físico sino el poco gasto energético de los ciudadanos durante sus horas de trabajo.

Si a esto se añade que durante el tiempo de ocio el porcentaje de personas totalmente sedentarias es muy elevado, se llega a la conclusión de que el gasto calórico por actividad física no es proporcional a la ingesta calórica, elevada en la mayor parte de la población. Todo esto contribuye claramente a formar un tándem nada aconsejable para el corazón: sedentarismo y obesidad.

¿Parece inevitable?

Por otra parte, nuestro corazón, no olvidemos que es un músculo, se mantiene en una actividad armónica constante durante toda nuestra vida realizando su encomiable función de soporte vital al resto del organismo de una manera eficaz. Una actividad contráctil que se repite más de 30 millones de veces a lo largo de un año, como poco. Junto a esta situación contradictoria, el corazón en actividad constante y el resto de nuestra musculatura “en paro”, han ido apareciendo otros factores nada aconsejables para un adecuado equilibrio de nuestro organismo: tabaquismo, malos hábitos en la alimentación, hipertensión arterial, aumento de peso, y otros, que de forma agrupada constituyen los factores de riesgo para el corazón.

Disponemos de un sistema sanitario especialmente bien preparado para las situaciones agudas, pero nada orientado a los problemas crónicos. Seguramente no es esta columna el lugar adecuado para analizar esta clara tendencia, pero el porcentaje de sedentarismo es más elevado en el momento actual que hace apenas 40 años. Según estudios recientes su prevalencia no solamente aumenta en función de la edad sino que lo hace en proporción inversa al nivel de educación y al nivel económico de la población. Por ello debiéramos plantearnos algunas medidas desde el ámbito no sanitario. Así, las consecuencias médico-sanitarias del sedentarismo, tanto en las alteraciones cardiovasculares como en la obesidad, diabetes, hipertensión, etc, pasan a ser responsabilidad global y por tanto con necesidad de intervención multidisciplinar.

Se hace imprescindible actuar en el diseño de planes de cuidados, que señalen estrategias para los pacientes cardiacos que ya han estabilizado su enfermedad pero que tiene un alto grado de recaída. Consistiría en vincular los escasos programas de actividad física a la alimentación equilibrada,  pues son dos caras de la misma moneda. Implicar también a los negocios de comunicación audiovisual en esta labor educativa, aprovechando la cantidad de tiempo que los ciudadanos practican el sillón ball, aún a riesgo que el éxito de las mismas les suponga menos share.

Y finalmente, habría que implicar a los especialistas en Medicina del Deporte en la formación adecuada de los agentes de salud, con el objetivo de encauzar una correcta prescripción del ejercicio físico o intervenir eficazmente en el modelo educativo actual – desde los niños hasta nuestros mayores – pues no debemos olvidar que el ser humano escucha el 75% de lo que se le dice, pero sólo entiende el 60% y responde a la mitad.

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