Feria de Bilbao | Cuarto festejo de las Corridas Generales 2018

Cuvillo naufraga en Bilbao

  • Corrida inválida, con el tercio de varas convertido en un simulacro

  • Con casi lleno, Ponce, Manzanares y Roca Rey se marchan de vacío

Enqirue Ponce, ante el primero bis de Cuvillo, que se derrumbó literamente durante la labor del valenciano. Enqirue Ponce, ante el primero bis de Cuvillo, que se derrumbó literamente durante la labor del valenciano.

Enqirue Ponce, ante el primero bis de Cuvillo, que se derrumbó literamente durante la labor del valenciano. / Efe

En la plaza de Bilbao, cuyo aforo no es precisamente el de la Monumental de Madrid, no colocan el 'No hay billetes' ni las figuras. Ponce, Manzanares y Roca Rey, con casi lleno, lidiaron en el considerado festejo estrella del abono un pésimo encierro de Núñez del Cuvillo, con los cuatro primeros toros inválidos –incluido un primero bis–, un quinto, que se rajó y el sexto mansísimo. Con todos ellos, el tercio de varas fue un simulacro. Un público desnortado, llegó a aplaudir entusiasmadamente labores ante toros que no se tenían en pie. La terna se marchó de vacío.

El inválido primero fue devuelto tras perder las manos varias veces en el capote. Fue devuelto. Saltó un sobrero, negro, cornidelantero, enmorrillado, otro inválido con el que se aplicó un simulacro de varas y que en la muleta literalmente se derrumbó. El personal, en esta ocasión, no le permitió al diesro ni su habitual labor de enfermero ante este tipo de bóvidos. Ponce mató de un bajonazo y hubo pitos al toro y silencio para el torero.

Con el astifino cuarto, flojo, noble y repetidor, nuevo paripé. El animal perdió las manos al comienzo de una faena en la que Ponce brilló técnicamente, dejando siempre que el toro se refrescara entre tanda y tanda e incluso entre muletazo y muletazo, alternando el pase de las flores, el cartuchito de pescao y cerrando con la poncina. Se tiró de verdad en la suerte suprema, a punto de ser herido, a cambio de una estocada. Y finiquitó al astado con dos descabellos. Ovación.

Manzanares se las vio en primer lugar con un astado bajo, inválido, que perdió las manos tras la capa. Simulacro en el primer tercio. Con la muleta, nada de nada porque el animalito no podía ni con el rabo. Mató de estocada. Protestas para el toro y silencio al torero.

El quinto astado, serio, flojísimo, sin picar, por el suelo en los primeros compases de la muleta, se defendió por su carencia de fuerzas y se rajó pronto. Manzanares lo despachó de media estocada tras un leve trasteo.

Roca Rey, con el flojísimo y nobilísimo tercero, que perdió las manos en el capote y al que señalaron en dos ocasiones en otro simulacro de varas, anduvo desahogado. Tras derrumbarse el toro tras dos muletazos por la espalda, el limeño realizó una labor de enfermero, por ambos pitones, que entusiasmó a parte del personal, en la que lo más meritorio fue el temple para mantener en pie al astado, protestado en el arrastre, siendo ovacionado el torero.

El sexto, un castaño que resultó mansísimo, intentó saltar de salida al callejón y fue la puntilla para el encierro de Núñez del Cuvillo, que ayer naufragó en Bilbao. Roca, tras unos estatuarios, vio como el astado huía hasta de su sombra y mató de bajonazo y estocada.

Ahora, para bajonazo, el que se propinó ayer a la Fiesta en Vista Alegre con un espectáculo en las antípodas de las exigencias de una plaza que se supone que es de primera.

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