medioambiente

Limpiar acequias como beneficio ambiental

  • Un equipo del IFAPA de la UGR confirma que el mantenimiento de estos canales con medios tradicionales preserva y fomenta la biodiversidad

La acequia del Generalife es una de las más famosas de la provincia, y su conservación sirve de ejemplo para el resto de las presentes en toda Granada. La acequia del Generalife es una de las más famosas de la provincia, y su conservación sirve de ejemplo para el resto de las presentes en toda Granada.

La acequia del Generalife es una de las más famosas de la provincia, y su conservación sirve de ejemplo para el resto de las presentes en toda Granada.

Un equipo del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) y de la Universidad de Granada (UGR) confirmó ayer los beneficios ambientales de realizar la limpieza de las acequias tradicionales de la Vega de Granada por medio de la siega o desbroce, así como la quema controlada a baja intensidad de la vegetación.

Su conservación permite hacerlas refugio de animales e insectos todo el año

Estos canales de riego, excavados en la tierra, están considerados infraestructuras verdes, de alto valor ambiental, y necesitan que se traten para evitar que la flora obstaculice el cauce.

La limpieza se realiza con el uso de técnicas tradicionales (desbroce, quema) o más modernas, mediante maquinaria pesada o aplicación de herbicidas, pese a que esta última técnica está prohibida en las proximidades de cursos de agua por la legislación ambiental vigente. En otros casos, las acequias son entubadas para evitar los costes de este tipo de mantenimientos, según detalló ayer la Fundación Descubre.

Sin embargo, el proceso empleado desde la época romana, y en especial desde la musulmana, presenta múltiples ventajas para preservar y fomentar la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos en ellas.

La Vega, que constituye un pulmón verde del área metropolitana de Granada, sobresale por su riqueza biológica y por los diferentes cultivos que crecen en sus tierras, lo que la convierte en una zona de alto valor natural, agrícola, histórico y paisajístico, que está en peligro, debido al crecimiento urbanístico de las localidades que la rodean y, en definitiva, por la mano del hombre.

El saneamiento de los bordes de las acequias se realizaba de forma habitual, hasta la segunda mitad del siglo XX, con la siega manualmente a través de hoces. Los restos vegetales se utilizaban para alimento o camas de ganado.

Actualmente se efectúa con máquinas desbrozadoras, se va eliminando la hierba y posteriormente se retira para que no se deposite dentro del cauce, dejándolo despejado para que el agua pueda discurrir correctamente.

Por otro lado, la quema comienza con las primeras heladas del invierno, a finales de diciembre o durante el mes de enero, porque la vegetación, al secarse más por el frío, está más predispuesta a que se prenda con facilidad, pero a su vez es fácilmente controlable para evitar propagaciones indeseadas.

Entre los beneficios de las acequias tradicionales destacan la variedad florística y la formación del suelo, actúa como un regulador hidrológico al contribuir a la recarga de acuíferos, incrementa la seguridad alimentaria de los cultivos que se obtienen, y se consideran un patrimonio cultural e histórico muy importante.

Además, el investigador de la UGR y del IFAPA, Ricardo Sánchez explicó a la Fundación Descubre que actúan como corredores ecológicos, es decir, refugios para numerosas especies, entre las que se encuentran pequeños reptiles o aves, y son lugares de anidamiento. Igualmente constituyen un refugio y anidamiento para insectos polinizadores y controladores de plagas.

Hasta ahora, las acequias tradicionales se estaban estudiando por su importancia sociocultural y económica. Sin embargo, su componente ambiental no se había tratado en profundidad y por ello se planteó este trabajo.

Las acequias tradicionales, presentes desde hace más de dos mil años, constituyen un patrimonio agrícola esencial en la Península Ibérica. Su uso se sigue empleando en numerosas regiones andaluzas como la Alpujarra, Sierra Nevada o las Vegas de Granada o Antequera, en Almería, Jaén o Córdoba, así como en otras provincias de España, como la huerta murciana o de Valencia.

También en otras partes del mundo, principalmente en zonas semiáridas, como Oriente Medio y el Magreb, o en Latinoamérica.

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