Ayer y hoy

El crimen de Loja y el billete de 100 pesetas

  • Los ladrones que exhiben con descaro sus billetes acaban entre rejas y con grilletes

  • Se pensó en un suicidio, hasta que Antonio 'El Rata' intentó cambiar 100 pesetas en Huétor Tájar

Municipio de Loja. Municipio de Loja.

Municipio de Loja. / J.L.D.

No me gusta dar ideas a los malos. Ni me gusta recordar al semanario de sucesos El Caso. Pero lo voy a contar un siglo después. La prensa se hizo eco de la misteriosa desaparición del joven de 27 años Indalecio M., vecino del cortijo La Chenza, enfermo mental, con frecuentes ataques epilépticos y con un defecto muy acentuado en su mano derecha que le obligaba a ser zurdo. Corría el verano de 1918 cuando se le perdió la pista en el paraje llamado Prado del Marqués del término municipal de Loja, cercano al cortijo de Los Gámez. Denunciada la desaparición por su cuñado a la Guardia Civil, se advirtió que se llevó de su casa una alcancía con 350 pesetas, parte en billetes y otra en monedas, y unos objetos de valor propiedad de sus padres, además de una pistola browning que robó a unos carboneros que trabajaban en el cortijo de su familia.

Cartel de la película 'El rata'. Cartel de la película 'El rata'.

Cartel de la película 'El rata'. / J.L.D.

A los dos días apareció muerto de un disparo con orificio de entrada por la mandíbula izquierda y de salida por el pómulo derecho, lugar que coincidía con su condición de zurdo, por lo que en un principio se pensó en un suicidio dado su deficiente estado mental. Investigado el entorno en el que apareció el cadáver y rastreada la zona no se encontraron signos de violencia, mantenía en los bolsillos algunos objetos sustraídos al padre, y sí se advirtió la desaparición del dinero y la pistola. El caso quedaba envuelto en una cierta duda entre suicidio u homicidio. Ahí quedó la cosa porque las condiciones de investigación de aquella época eran las que eran. Se pensó que alguien pudo robarle el dinero y la pistola al encontrarlo muerto. Y hasta ahí llegamos.

Cuatro meses después, y cuando ya casi quedó olvidado el suceso, apareció una pista que puso en alerta a la Guardia Civil ante el raro movimiento que hizo un vecino, amigo de la víctima. Alguien denunció al comandante de puesto de Huétor Tájar, Francisco Albea Carranza, haber visto intentando cambiar en el pueblo un billete de 100 pesetas a Antonio Alcaraz, alias el Rata, habitante de una choza cercana y obrero del cortijo del padre del muerto. Interrogado el detenido sobre el origen de tan elevada cantidad, acabó inventando una historia que dejaba en el aire algunas dudas. Empezó diciendo que el billete se lo había dado un tal Antonio Mula, labrador del Cortijo Los Ortices, para que lo cambiara. Mula lo niega totalmente ante la Guardia Civil,

Empezaron las contradicciones; el Rata se puso nervioso y al final confesó que el joven Indalecio buscó su ayuda para ir a secuestrar a su novia con el fin de fugarse juntos; aceptó el peligroso asunto a cambio de dinero; recogieron de su choza una escopeta y se dirigieron ambos a casa de la novia. En el camino cercano al paraje llamado Encina Grande, sigue diciendo el Rata, se arrepiente de intervenir en el rapto y se niega a continuar. Indalecio entra en crisis, se irrita y amenaza de muerte con su pistola al compañero. Para defenderse el Rata disparó su escopeta y lo mató quedándose con el dinero. En la choza encontraron un pañuelo, una petaca del padre de Indalecio y 85 pesetas guardadas debajo de una piedra. El resto se lo había gastado, según dijo, en pagar algunas deudas y en la feria de Loja.

Billetes antiguos de 100 pesetas. Billetes antiguos de 100 pesetas.

Billetes antiguos de 100 pesetas. / J.L.D.

Nunca sabremos toda la verdad. ¿Se libró la novia de un secuestro? ¿El tiro era realmente de escopeta? ¿No era el sitio perfecto de un suicida zurdo? ¿Fue ligera la Guardia Civil en buscar un asesino haciendo confesar al Rata? ¿Era el suicidio muerte indigna y mal vista socialmente? La prensa se deshizo en elogios a la autoridad por su perfecta investigación; pero no nos da más datos; y si ella olvidó el suceso ayer, nosotros nos olvidamos hoy y ¡pelillos a la mar! Pero, ¡ojo, ratero…ten cuidado! porque son muchos los 'ratas' que por exhibir con descaro sus billetes acaban entre rejas y con grilletes.

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