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Aunque sea por amor propio

  • Situación límite El plantel sevillista, puesta en duda su capacidad, debe demostrar que tiene recursos y redaños para evitar un diciembre ruinoso Crisis La visita al que iba a ser, y todavía puede ser, un rival directo llega en la peor hora

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El Sevilla no está para llorar y dar pena. Recrearse en la profundidad de las heridas no hará más que afilar las lanzas de sus enemigos y ya bastante tiene con lo que tiene. Pero la situación, para qué negarlo, es límite. Los errores de planificación se están pagando, sí, pero más habría que lamentar que el proyecto acabase enterrado en duras palabras como transición o mediocridad por el simple hecho de no haberlo intentado.

Lo que ocurre es que el día es hoy y no hay otro. No se puede esperar más. El Villarreal era o iba a ser un rival directo por los objetivos del Sevilla. La temporada pasada falló, pero en ésta no está dispuesto a dejarse adelantar. Ya dio la primera muestra de ello este verano cuando estuvo tremendamente más listo que el Sevilla para aprovecharse del trabajo que éste tenía adelantado con Borja Valero. Y la diferencia puede estar en que mientras en Sevilla todavía se sigue llorando el que este futbolista no vista de blanco sino de amarillo y se sigan buscando culpables, en El Madrigal se hayan centrado en su trabajo tan bien que tienen hoy día siete puntos más en la Liga, ya están en dieciseisavos de final de la Liga Europa y también están bien encaminados en la Copa del Rey. Y para desmontar la teoría de algunos -aunque quizá no es el momento de recordar los desastres que provocó porque ya hace bastante tiempo de eso- lo ha hecho fiando el proyecto a un entrenador de la casa y sin experiencia alguna en Primera, Juan Carlos Garrido.

El caso es que da la sensación desde fuera, desde el 4-2 en París y después de haber visto cómo este equipo se hace pipí en su propia cama dos veces seguidas, de que a los jugadores que alinee Manzano esta tarde les van a temblar las piernas en cuanto empiece a rodar el balón. A este mismo escenario acudía el Sevilla el pasado Domingo de Ramos con Antonio Álvarez dispuesto a estrenarse y puede decirse que varios meses después llega con otro entrenador en la misma situación de indefinición. O peor, mucho peor.

Pero llegados a este punto, sólo cabe cerrar los ojos y darles alguna palmada en la espalda a los profesionales, a una plantilla a la que le ha llegado el momento de demostrar algo, siquiera que tiene un rayito de amor propio. Luego se verá si basta con eso, pero si se ha puesto en duda la capacidad del plantel aunque los hachazos hayan ido a parar a los que la confeccionaron, también está en ellos rebelarse y buscar soluciones. E igual pasa con el entrenador. Se han cumplido ya dos meses desde la llegada de Manzano y el equipo está -ya es un hecho palpable y tangible- peor que cuando puso su primer pie en este vestuario.

Es verdad que visto así, eso de cerrar los ojos y palmear la espalda de los futbolistas, suena a resignación, a ampararse en el rezo y la oración al Altísimo porque las sensaciones que viene dando el equipo son muy malas, pero es que al fin y al cabo el fútbol es un deporte en el que todo el mundo habla de lunes a domingo y al final los que juegan son los que se visten de corto.

Ellos, y si al entrenador se le ocurre alguna idea guiarlos en ella, son los que tienen que buscar una solución para el destrozo en el que se ha convertido el sistema defensivo, que dicho sea de paso, lleva muchísimos meses -desde el inicio de la temporada pasada- dando señales de avería. Porque cuando un motor tira aceite es que algo va mal y en mecánica lo primero es lo primero. La pintura, los arañazos de las puertas y colocarle un radio con USB de última generación al coche deben ser actuaciones accesorias.

No es desde luego el mejor escenario para recuperarse de tres derrotas consecutivas, pero cuál lo es. ¿Recibir a Mallorca o Getafe en casa? ¿O al Almería, que es el que tiene que visitar próximamente el Sánchez-Pizjuán? En manos de los profesionales está que el Villarreal, un rival que iba a ser directo, se vaya hoy a diez puntos de diferencia o se acerque a cuatro.

Ya verán los que tienen que verlo si hay que traer más efectivos, aunque seguir pensando (una cosa es pensarlo y otra el mensaje oficial) que hay que esperar a que Manzano pase un informe cuando diciembre haya pasado es de género tonto y los rectores del Sevilla podemos asegurar categóricamente que no lo son. Otra cosa muy distinta es que cuando pase diciembre ya se va a ver en cuántas competiciones está vivo el equipo de Manzano y si entonces merece la pena hacer un esfuerzo. Mientras tanto, a ver qué dicen los miembros de esta plantilla.

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