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Ese tope de 8 millones...

  • Los fichajes que dieron el rendimiento esperado por los técnicos no superaron en su inversión la barrera que sí traspasaron Chevantón, Kone, Mosquera, Konko, Acosta y Romaric · El tira y afloja por Zokora, en esa franja

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Si Monchi centró los elogios del fútbol nacional cuando se especializó en acertar con los refuerzos a coste cero y también cuando la situación financiera del Sevilla permitió algún dispendio en las inversiones, el caballo de batalla del director deportivo nervionense se ha parado en el perfil de las grandes apuestas. Ningún futbolista que llegara con la vitola de ser el fichaje más caro de la historia triunfó en Nervión. Antes bien fue un relativamente fracaso en su rendimiento, ya sea por lesiones o por otras circunstancias de adaptación o de competencia en la plantilla. En este sentido, el tope entre el acierto y el fracaso -siempre entre comillas- se ha fijado en los ocho millones de euros, una barrera que traspasaron Kone (14), Chevantón (9), Mosquera (8), Konko (9), Acosta (8) y Romaric (8,5).

Chevantón, el primero

Su situación actual en el club es muy complicada, pero nunca fue el paradigma de lo que debe ser un refuerzo. No llegó de pie pese a convertirse en su día en el fichaje más caro de la historia del club, 9 millones. Juande, entonces al mando de la nave, prefería otras opciones y siempre lo vio como un futbolista que desentonaba en su plantilla. Una ficha altísima -que ronda los dos millones anuales- y un rosario de lesiones que reducen a un número insignificante de partidos jugados en tres años lo convirtieron en un suplente de lujo cuyo fichaje daba la impresión de obedecer a una antigua deuda con Casal.

Kone, el más caro

Aún sigue siendo el fichaje más caro de la historia del Sevilla. 12 millones de euros más otros dos por variables más bien sencillas de cumplir ponían a este costamarfileño en el tope de inversión jamás realizada en el club sevillista. Creó muchas expectativas, brilló en las primeras apariciones y luego cayó en desgracia, quizá por la adaptación. Se marchó a la Copa de África y casi nada más se supo de un delantero que sorprendía por su potencia en la conducción pero que a Jiménez le resultaba algo anárquico tácticamente en el campo. Una triada con su selección cuando parecía que la pasada temporada iba a ser la suya acabó con la posibilidad de ver su verdadero potencial, recayendo sobre él todas las esperanzas de los técnicos para el futuro una vez que se ha recuperado.

Mosquera, el gran misterio

Todo lo que rodea a este fichaje fue, es y, al parecer, seguirá siendo un misterio. Fue firmado sin que su nombre saliera a la luz pública y siendo un desconocido para el aficionado. Fue dos veces mejor defensa de Suramérica, sí, pero con esos honores con 26 años militaba en el Pachuca mexicano. El precio que club aireó -ocho millones- cuando menos hacía fruncir el ceño. El primer sorprendido (al menos eso decía) fue el entrenador de entonces, Juande, y después su rendimiento encendió mucho más las dudas. El manchego lo señaló un par de veces quitándolo en el descanso, pero es que la confianza que le dio Jiménez no hizo sino alimentar más esa leyenda que hoy no ha podido desterrar. Se encaró con un periodista y en enero estuvo más fuera que dentro del club, pero dicen que su profesionalidad le hacía dar el paso que otros no daban.

Konko, sin compromiso

Lo contrario de Mosquera. Aptitud y poca disposición en su aterrizaje en Sevilla. Su caso, junto con el de Romaric, fue el culebrón del verano pasado. Lo pretendía el Inter de Mourinho, pero Monchi, que confiaba y confía ciegamente en su juego, se acabó llevando el gato al agua. Era el hombre elegido para sustituir al insustituible, a Daniel Alves, y con un desembolso que superó los 9 millones de euros al Génova, se plantó en Sevilla como el fichaje estrella. Luego, una personalidad un tanto crecida y el umbral del dolor en un estadio muy bajo por lo apreciado durante el año, convirtieron al marsellés en un auténtico fracaso en su primer año. Molestias, lesiones y más molestias no permitieron a Jiménez alinearlo más de dos partidos seguidos.

Romaric, la irregularidad

Otra de sustitutos. El jugador que todo el sevillismo creía que haría las veces de Keita resultó ser un centrocampista diesel con toque y visión de juego, pero desesperadamente lento de movientos. Su zurda a balón parado no justificó su fama y aunque sembró muchas dudas por el sobrepeso con que llegó, acabó siendo la mano derecha de Jiménez, el futbolista más utilizado por el arahalense. En su fichaje el Sevilla chocó con la dureza negociadora del presidente del Le Mans, que logró aupar la cifra que acabó pagando el Sevilla a los 8,5 millones de euros. En determinados partidos fue muy positivo para el equipo, pero la irregularidad fue su gran lastre, puede que motivado también por una vida un tanto desordenada fuera del fútbol que el club trató de frenar.

Acosta, la apuesta de riesgo

Pagar 8 millones de euros por un joven de 21 años que sólo había jugado un año en Primera, aunque fuese para ser campeón con Lanús, era una apuesta muy arriesgada que el Sevilla se atrevió a dar pensando en el futuro. Jugó muy poco, primero porque no tenía sitio y luego por una extraña lesión de tobillo.

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