Tormenta eléctrica para Morente

  • Los Evangelistas, el grupo creado por músicos de Los Planetas y Lagartija Nick para homenajear al granadino, llega el sábado al Central con Carmen Linares y la hija pequeña del cantaor, Soleá, como artistas invitadas.

Mucho más allá de la retórica, la experiencia de sumergirse sin prisas y a ciegas en el Homenaje a Enrique Morente podría definirse de muchas maneras, pero todas ellas vendrían a ser matices o sinónimos de un mismo estremecimiento. Sin límites ni fronteras, tanto con la cabeza como con el corazón, Antonio Arias, Eric Jiménez, J y Florent, miembros de Lagartija Nick y Los Planetas juntos y revueltos en Los Evangelistas, publicaron el pasado mes de marzo un disco de esos verdaderamente especiales, música hecha casi con lágrimas en los ojos todavía por la muerte del maestro, del explorador, del amigo; rock psicodélico y catártico de electricidad planeadora, de oscura densidad litúrgica, y en cuyo magma sonoro vibra en todo momento, inconfundible, el eco, la temperatura emocional del cantaor desaparecido a finales de 2010.

La noche del sábado a las 23:00, el supergrupo granadino defenderá en el Teatro Central, escenario de las propuestas más heterodoxas de la Bienal, este trabajo, que Eric Jiménez, batería de las dos bandas matrices, percibe como "la parte más underground del Omega", en referencia al disco en muchos sentidos fundacional y mítico que publicó en 1996 el cantaor junto con Lagartija Nick. "Es una cosa singular, el Homenaje. En directo lo hemos tocado poco, y supongo que lo tocaremos poco, porque no es para rodarlo en casetas de verano, no sé si me entiendes. Es para hacerlo contadas veces, y siempre, siempre con muchísimo cariño".

Al margen de la presencia en el concierto de Carmen Linares (que en el disco canta Delante de mi madre, uno de sus cortes más impactantes) y de Soleá, hija pequeña del cantaor (que colabora en La estrella y Yo poeta decadente), el carácter excepcional de la cita lo refuerza el hecho de que, al menos según las previsiones de la banda, después de ésta, en muy pocas ocasiones más volverán a tocar en directo estas canciones, seleccionadas del repertorio morentiano y reinterpretadas desde el rock. "No tratamos de hacer fusión, igual que no tratamos de hacerla en Omega, porque a nosotros nos interesan las cosas más puras. Yo creo que es un choque de nuestra personalidad con el flamenco. Es nuestro sonido, interpretado con fidelidad, con esas texturas únicas y esas armonías mágicas de Enrique. Y hemos procurado darle ese aire místico que tienen los discos suyos que más nos gustan y la Alhambra o la misma ciudad de Granada", dice Jiménez, antes de hacer una advertencia: "Nosotros, si hacíamos flamenco, lo hacíamos con Enrique. Con este disco queríamos ser nosotros mismos. Quien venga para ver un taconeado o una guitarra flamenca... el flamenco está presente, pero la gente que busque eso probablemente saldrá decepcionada, porque no es ése el concepto. Pero sí, las personas abiertas sí que ven la psicodelia, el misticismo, y lo comprenden. Sabemos de flamencos que admiran este trabajo, gente como Arcángel, que no esperan un cliché".

En el álbum hay palos reconocibles, de la granaína a la serrana pasando por unas alegrías, pero sobre todo están las piezas en las que Morente "era más libre y arriesgaba", en las que se salía "del flamenco más clásico"; son ésas, dice, "las que nos enamoraron desde el primer momento". "Las músicas son emociones y están ahí para que hagamos con ellas lo que nos dé la gana", afirma el batería sobre este Homenaje..., para el que han sido "muchísimo más" inspiradores Misa flamenca (1991) y Alegro, soleá y fantasía de cante jondo (1995), dos de las obras de Morente, que trabajos como el citado Omega o La leyenda del espacio y Una ópera egipcia, los dos últimos álbumes de Los Planetas, en los que el cantaor fue una presencia determinante, y el primero de los cuales representó una nueva y profunda reformulación del diálogo -no siempre enriquecedor- entre el flamenco y el rock. "Lo que hemos tratado de hacer es trabajar con las melodías en Enrique y al mismo tiempo con las texturas de los grupos siniestros y de vanguardia de los 80, de la new wave y del afterpunk. Nosotros no sabemos hacer flamenco, grabando el disco yo pensaba más en cosas como Joy Division, pero sí hemos ido a beber de él".

Admite que antes de conocer a Morente su relación con el flamenco era "absolutamente ninguna". "No me atraía. Empezó a hacerlo Enrique, siempre me embrujó su voz, siempre le encontré algo especial, algo místico. Luego me he ido abriendo y he escuchado cosas más duras porque el cuerpo te lo pide a veces, pero vamos, que yo no me declaro flamenco, por supuesto, ni siquiera consumidor de flamenco, aunque admiro sus bellísimas armonías. No menosprecio ese arte que me parece enorme, precioso, de la tierra, nuestro, y que hay que hacer todo lo posible por conservar, pero yo lo que soy es músico de rock & roll o de pop, si quieres".

De Morente, dice, el mejor legado es su "libertad pasmosa", pero en el caso particular de Eric Jiménez queda algo más, el recuerdo de un hombre "maravilloso, bueno, humilde y con una humanidad brutal" que fue "prácticamente un padre" para él. "Hacía siempre lo que le daba la gana. Siempre. Y en el estudio, porque era muy profesional, se podía poner hecho un toro. Pero qué respeto hacia los demás... Hasta para insultar hay que ser elegante y tener sentido del humor. A mí él me enseñó a decir hijo de puta riéndome de manera que la otra persona hasta me acabe invitando a una copa, así que con eso ya tengo mucho ganado, ¿no es verdad?", acaba entre risas.

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