Estados mentales de Rubén Olmo

  • El bailarín sevillano estrena en el Teatro Central 'Tranquilo alboroto', su proyecto más reflexivo

José Granero, el Maestro Granero, una de las figuras más importantes de la historia de la danza española, alucinaba con Rubén Olmo. "Este muchacho es un portento", solía decir. A pesar de su juventud (nació en Sevilla en 1980), ha sido primera figura del Ballet Nacional de España y ha trabajado con los más grandes de la danza nacional, desde Antonio Gades a Pilar López, pasando por el propio Granero. Y sin embargo "lo teníamos aquí un poco sin fijarnos en él". Eso dice el director de la Bienal, Domingo González, quien invitó al bailarín a estrenar obra con su compañía en esta edición. "Para nosotros es una obligación reintegrar y cohesionar el trabajo de muchos artistas andaluces y sevillanos que salen de los circuitos estándar del flamenco y cuando vuelven se enfrentan a los prejuicios", explica González.

Olmo participa hoy en la gran fiesta flamenca con Tranquilo alboroto, un montaje que surgió de una profundo proceso de reflexión personal tras un cruel revés profesional. "Cuando regresé a Sevilla [pasó muchos años en Madrid] tuve que hacer un parón, pensar en el camino que quería seguir. Desde muy pequeñito he ido de compañía en compañía, de obra en obra, he estado en movimiento perpetuo", dice el artista sevillano. El resultado es este espectáculo que dura aproximadamente una hora y media, dividido en dos partes aunque integrado por siete escenas hiladas sin corte alguno, y centrado "en los sentimientos de un bailaor, en sus estados de ánimo, en una desnudez mucho más importante que la física", explica Pepa Caballero, guionista de este proyecto dirigido y coreografiado por Olmo.

Es éste quien explica lo que podrá ver hoy el público en el Teatro Central desde las nueve de la noche. La primera escena lo mostrará a él solo bailando frente a un espejo. La segunda recreará una clase en directo, un ensayo de una gran compañía. En la tercera llegará la parte "más extrema": Rubén Olmo aparece vestido de Cristo mientras la Banda de Cornetas y Tambores Virgen de los Reyes toca la marcha del Cristo de los Gitanos, una escena con la que el bailaor quiere reflejar "la esperanza, el sacrificio, la humildad, la fe y la constancia necesarios en todo proceso de aprendizaje y creación". El homenaje a Manuela Vargas, que encarna la "búsqueda de personalidad" de todos los que bailan, llegará en la cuarta. Israel Galván es el coreógrafo invitado en la quinta parte, dedicada a una falsa farruca, imaginada por ambos como si este baile hubiera nacido en Galicia. "Es una farruca a 10 ó 15 años del día en que se va a estrenar", dice Caballero. La sexta escena es una suite flamenca, un recuerdo emocionado a los grandes ballets de Antonio Gades o Pilar López. Y el último número nos mostrará a un Olmo como ave fénix, tanteando "esa libertad que se dice que se tiene pero que no se tiene del todo", dejando que el baile, simplemente, "fluya".

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