Condena de 13 años para dos jóvenes por asesinar a un sacerdote con el que mantuvieron relaciones

  • La sentencia les condena por el homicidio del sacerdote Ernesto Muñoz López y también por hurto.

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La Audiencia de Sevilla ha condenado a 13 años de prisión a dos jóvenes que están acusados del crimen del sacerdote Ernesto Muñoz López, al que asfixiaron en la madrugada del 6 de octubre de 2010 cuando mantenían relaciones sexuales con la víctima.

La sentencia de la Sección Tercera de la Audiencia de Sevilla ha condenado a 12 años y medio de cárcel a Juan Manuel L. E. y a Cristian M. D., por un delito de homicidio, y les ha impuesto otros seis meses de prisión por hurto, ya que antes de abandonar la vivienda del presbítero se llevaron algunos enseres de su propiedad.

En el juicio, los dos acusados aseguraron que la muerte del sacerdote se debió a un "accidente" mientras ambos mantenían relaciones sexuales en el apartamento del cura, en la calle Jesús del Gran Poder, y explicaron que a continuación se asustaron y se marcharon de la vivienda. Los dos acusados, Juan Manuel L. E. y Cristian M. D., que se enfrentaban a una petición del fiscal de 18 años de cárcel, dijeron a los magistrados de la Audiencia de Sevilla que se "inventaron" su primera declaración ante la Policía, donde reconocieron que le asfixiaron y sostuvieron que lo hicieron porque los agentes les dijeron que "tenían que buscar un culpable y cerrar el caso", que colaboraran y así volverían a casa, que no les iba a ocurrir nada porque eran jóvenes.

El primero de los acusados reconoció que contactó con el cura a través de internet a principios de octubre y que éste les acogió durante varios días en los que estuvieron haciendo "vida normal", ambos saliendo a trabajar por la noche y regresando a la vivienda, donde Juan Manuel L. E. accedía a mantener relaciones con el presbítero.

La noche del crimen, continuó el acusado, el sacerdote quiso acostarse con ambos y éstos accedieron en señal de agradecimiento, porque Ernesto Muñoz López se portaba "muy bien" con ellos.

Los acusados negaron que el móvil del crimen fuera que el sacerdote les diera un ultimátum para que abandonaran su domicilio a la mañana siguiente, y también rechazaron que cogieran un cojín del salón para asfixiarle. Según el relato de los procesados, fue el propio sacerdote quien se colocó la almohada en la cabeza, aunque no saben si lo hizo porque le daba "más placer o por no verles la cara". Uno de los jóvenes le inmovilizó los brazos mientras el otro mantenía las relaciones y, en esa situación, aseguran que el sacerdote comenzó a "temblar" y después se paró de repente, momento en que se asustaron y "le ataron los pies y las manos" para que no se despertase mientras recogían sus cosas y se marchaban.

Según los acusados, que tenían 18 y 19 años cuando ocurrieron los hechos, no le destaparon la cara porque pensaban que los aspavientos que hacía la víctima formaban parte de su grado de "excitación".

Los hechos fueron denunciados por un amigo de Juan Manuel L. E., que presentó una denuncia en la Comisaría de Policía de Guadalajara, en la que aseguraba que éste le había confesado el crimen, aunque el acusado ha dicho este lunes que sólo le comentó que esta persona se había muerto mientras practicaban sexo y que fue el propio testigo, que estaba "enamorado de él" y tenía "celos" de Cristian, quien intentó que este último "se comiera el marrón" para separarlos. "Pienso que fue a la Policía para poner fin a mi relación con Cristian", ha aseverado el acusado, quien niega a pesar de las escuchas telefónicas que "nunca" le dijeron que habían acabado con la vida del sacerdote. La muerte fue "accidental", sin "ninguna" intervención de  ambos, dijo el acusado, que insistió en que nadie presionó la almohada de la víctima.

Por su parte, Cristian M. D. insistió en que se "inventó" su primera declaración ante la Policía, algo que hizo debido a que era joven y no era consciente de lo que hacía.

El forense que asistió al levantamiento del cadáver explicó que el cuerpo del sacerdote "no presentaba signos de violencia", si bien considera que se había "manipulado" la habitación, porque estaba "perfectamente ordenada". En cualquier caso, el forense explicó que para que la muerte del cura se produjera por asfixia con la almohada eran necesario que se ejerciera una presión suficiente sobre la misma, lo que tumba la versión de los procesados, que han asegurado que nadie presionó la almohada.

El jefe del grupo de Homicidios, que también declaró en el juicio, negó las supuestas presiones denunciadas por los acusados, al asegurar que su confesión fue un "relato libre" y en presencia de abogado desde el primer momento.

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