Crítica de Cine

Apocalypse Kong: gran cine de aventuras y monstruos

Goodman, Hiddleston, Larson y Reilly, en una escena de la película. Goodman, Hiddleston, Larson y Reilly, en una escena de la película.

Goodman, Hiddleston, Larson y Reilly, en una escena de la película.

El casi desconocido Jordan Vogt-Roberts, sólo avalado por algún episodio televisivo, webseries y un único largometraje -la interesante Los reyes del verano, premiada en Sundance, lo que cada vez más es un demérito- ha dado el campanazo monstruoso de la temporada al lograr el más difícil todavía de resucitar a King Kong -cuya versión de 1933 sigue siendo la mejor tras los fracasos de Guillermin y Jackson- sin meter la pata. Es más, logrando una rara película que mezcla el monstruo creado por Edgar Wallace, la guerra (o posguerra) de Vietnam con guiños más que evidentes a Apocalypse Now -y de paso a El corazón de las tinieblas: ¿es casual que el capitán de la expedición se llame Conrad y el residente en la isla Marlow?- y las películas japonesas de la Toho que tantas veces se complacen en enfrentar a los monstruos entre sí. Salpimentándolo todo con referencias a clásicos literarios -de larga vida cinematográfica- como La isla del tesoro de Stevenson, El mundo perdido de Conan Doyle (una de las fuentes del guión original del King Kong clásico del 33) o La isla misteriosa (en este caso más en la versión cinematográfica de Enfield/Harryhausen que en la novela de Julio Verne). ¿Absurdo? Sí. ¿Peligroso juego con el mamarracho-puzle? También. Y sin embargo Vogt-Roberts sale airoso logrando una espectacular, original y muy entretenida película de monstruos.

El mérito es del argumento de John Gatins (actor y guionista no muy fiable que ha escrito Entrenador Carter, El vuelo o Acero puro) y del guión de Dan Gilroy (El legado de Bourne o Nightcrawler además de Acero puro junto a Gatins), Max Borenstein (el Godzilla de Gareth Edwards) y Derek Connolly (Jurassic World). Como se ve no faltan expertos en monstruos. Sobre este buen guión que no desdeña la ironía y arranca en 1944 haciendo luchar en la isla de la Calavera a un piloto americano y otro japonés tras derribarse mutuamente para después saltar a 1973 -precisamente el día en el que Nixon anuncia el fin de la guerra de Vietnam-, Vogt-Roberts demuestra un total dominio de los mecanismos puramente cinematográficos que, más allá de los espléndidos efectos especiales, son los que dan emoción, espectacularidad y hasta una pizca de esa poesía o épica de lo monstruoso que marca la diferencia entre las películas que sirven a los efectos digitales y las que se sirven de ellos para, sin perder de vista el entretenimiento y el espectáculo, hacer cine.

La expedición que se dirige a la isla de la Calavera para encontrarse allí, no con lo que busca, sino con King Kong y monstruos peores que él, se convierte en una fascinante aventura magníficamente rodada que prueba su voluntad de calidad con el inusual y sorprendente reparto que une a John Goodman, Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Brie Larson y John C. Reilly. El enfrentamiento entre Kong y los helicópteros, los ataques de la araña y el insecto palo gigantes, las incursiones de los pterodáctilos, los encuentros entre la bella y la bestia, la luchas entre Kong y el pulpo (gigante, por supuesto), la secuencia del cementerio de monstruos -auténtico meeting point de otros enormes bichos vivos- y el duelo final entre Kong y el saurio son momentos del mejor cine fantástico de aventuras y monstruos. En su género esta película es una cinco estrellas.

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