Servais, surrealista

  • El sello Intermedio edita por primera vez en España todos los cortometrajes de animación del belga Raoul Servais

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Raoul Servais. Integral de cortometrajes. Intermedio / Festival de Cine de Huesca. Textos y entrevista a cargo de Sara Álvarez Serrat - 96 min. - 16 euros

Más que de un director de animación, sin duda uno de los más importantes, habría que hablar del belga Raoul Servais (Ostende, 1928) como de uno de los grandes cineastas surrealistas de la historia junto a Buñuel, Dalí, Cocteau, Dullac, Ray, Léger, Richter o Jan Svankmajer, el genial animador checo con quien comparte una similar estética de la transfiguración plástica dentro de un particular universo onírico y metafísico en el que se derriban las barreras de la lógica racional del mundo real para apuntar a los deseos, temores, sueños, frustraciones, tabúes y demás rincones ocultos de la subjetividad liberados a través de la forma visual en movimiento, el simbolismo y la abstracción.

Si Svankmajer encontró en la materia moldeable (la plastilina, por ejemplo) el camino de acceso a los temas, paisajes y figuras del inconsciente, la estética de Servais parte del dibujo y la pintura como territorios de representación a los que dotar de vida, alma y fluidez narrativa y conceptual a través de las técnicas de la animación tradicional. No es casual en este sentido que en su juventud Servais fuera ayudante de René Magritte en la elaboración de algunas pinturas murales, ni tampoco que uno de sus más hermosos cortometrajes, Mariposas nocturnas (1998), rinda homenaje al lírico y surreal universo pictórico de su compatriota Paul Delvaux (1897-1994), con la recreación animada de tres de sus cuadros más conocidos, Petite place de gare, Trains de nuit y Train du soir.

El surrealismo de Servais encuentra también en sus primeros cortos de los años sesenta y setenta, La nota desafinada (1963), Chromophobia (1966), Sirena (1968), Goldframe (1969), To speak or not to speak (1970), Operation X-70 (1971) y Pegasus (1973), una peculiar vertiente política en la que sus trazos, de carácter casi ideogramático, como señala Jordi Costa, tratan asuntos como el antimilitarismo o el anticapitalismo a través de fábulas satíricas que ilustran una mirada crítica contra las injusticias y comprometida con la libertad que conectaba con el espíritu contestatario de aquellos días y que bien podría servir hoy de referencia o inspiración creativa a las últimas revueltas indignadas.

La estética de Servais sufrirá un importante giro con Harpya, el corto con el que ganará la Palma de Oro en Cannes en 1979. Para su retrato de esta destructiva y manipuladora figura femenina de la mitología clásica, Servais abandonaba el dibujo por una nueva técnica de su propia invención, la servaisgraphie, que integra actores capturados en acción real (aunque posteriormente animados al modo tradicional) y fondos creados gráficamente.

Una misma técnica mixta y una misma inspiración expresionista y delvauxiana iban a protagonizar su única incursión en el largometraje, Taxandria (1994), un proyecto rodeado de numerosas dificultades de producción que ha quedado, a pesar de su fracaso crítico y comercial, como una de las piezas más singulares y vanguardistas de la animación europea contemporánea junto a los mejores trabajos de Svankmajer, Gilliam o los hermanos Quay.

Ya con técnicas y tratamientos digitales, su último corto hasta hoy, Atraksion (2001), sigue ahondando en los territorios y escenologías dúctiles del surrealismo para reflexionar sobre la utopía de la libertad del hombre en tiempos de muros y cadenas.

Junto a su faceta creativa, reconocida con numerosos premios, Servais ha desarrollado también una importante labor docente y divulgativa en torno a la animación, siendo fundador de la primera escuela oficial de animación europea, la KASK (Gante).

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