Vivir el Corpus

Degustaciones gastronómicas que dejan buen sabor de boca

  • Las casetas del ferial ofrecen a los socios y visitantes catas gratuitas de platos, bebidas y postres · La marimorena, El cortijo, La pedrería y El farol fueron ayer las casetas que se sumaron a la iniciativa.

Durante las fiestas del Corpus todo se dispara: la alegría, las marchas, el sueño..., pero también los precios. Sin embargo, muchos caseteros ofrecen a cualquier visitante degustaciones como muestra del espíritu generoso de la feria, de modo que los más pícaros pueden disfrutar de un completa –y calórica– dieta si planifica su recorrido por el recinto.

Unas veinticinco docenas de huevos, una sartén con aceite hirviendo, ajos en abundancia y mucho arte. Éstos son los ingredientes de los ‘Huevos a la Marimorena’, una receta que pudo saborear ayer a mediodía todo aquel que visitó la caseta que da nombre al plato, aunque la resaca de la noche anterior retrasó la degustación del castizo menú.

“Es el primer año que lo hacemos, pero queremos implantarlo como tradición en la feria y estamos pensando en freír el año que viene huevos de avestruz”, explica Estéfano Polo, uno de los trece socios de la caseta más joven del ferial. Con unas edades comprendidas entre los 18 y los 30 años, los miembros de La marimorena consiguen que todos los días su caseta sea una de las más ambientadas del ferial sin perder la esencia del Corpus.

Junto a los noveles caseteros, El cortijo también se decantó por los huevos, aunque para la cena. “A las doce de la noche serviremos los huevos con pimientos fritos. Una cosa ligerita”, bromea el presidente de la caseta, Antonio Moreno. “Además, que para eso está el alcohol, que ayuda a la digestión”, añade el casetero entre las risas de sus socios.

No obstante, gracias a los llamados Huevos de los Enriques –en honor a los cocineros–, el pasado año casi 150 personas cogieron fuerzas para aguantar la noche de jarana. Este año, El cortijo contó con 200 pares para alimentar a los visitantes.

Además, los socios han tirado, en esta edición, la caseta por la ventana, pues también ofrecieron los días anteriores degustaciones de jabalí y la típica sopa de maimones.

No podía faltar, tampoco, el broche de oro de cualquier comida. María Ruiz, más conocida como La Farfolla, fue la encargada de preparar los roscos que la caseta La pedrería ofreció también anoche. Para que todo saliera a pedir de boca, María renunció incluso a la siesta para preparar en casa la masa de los 500 roscos que se cocinaron, por la noche, en la caseta.

“Hay roscos para todo el que quiera, ya sean caseteros o no”, comenta la cocinera, que lleva 16 años endulzando las noches del Corpus, una experiencia que la avala. “No sé qué es lo que pasa, pero cuando comienzas a freírlos empieza a aparecer la gente. Parece que ven el rastro del olor y lo siguen”, explica María.

Ayudada por varias jóvenes de la caseta, la entregada pastelera estuvo hasta las 05.00 horas haciendo roscos. Eso sí, todo estaba meticulosamente organizado: mientras María preparaba la masa, otro socio de La pedrería los freía y las muchachas los emborrizaban en azúcar –con guantes incluidos para no acabar sin huellas dactilares por el calor– y los repartían a los catadores. Todos con su apropiado delantal de lunares.

Para culminar la noche y después de tan suculento menú, la caseta El farol ofreció mojitos cubanos gratuitos, compuestos de ron, hierbabuena, pulpa de limón, azúcar de caña y el ingrediente secreto, que según Manuel ‘El cheta’, consiste en “el arte del barman”.

El bidón de mojito fue descorchado a las 22.00 de la noche, momento en el cual un grupo de hawaianas amenizaron la caseta con sus exóticas danzas para deleite de los presentes. “Yo el año que viene vengo a El farol aunque no trabaje”, asegura Javier, uno de los camareros encargados de distribuir el elixir cubano. Además, los que se acercaron a la caseta pudieron demostrar su fuerza maxilofacial en el concurso de lanzamiento de huesos que tuvo lugar anoche.

Pero si algo destaca de esta caseta es su orginalidad a la hora de celebrar fiestas. Durante el Corpus han organizado una noche dedicada al Chiquilikuatre, un concurso de postres –de los que no quedó rastro– e incluso consiguieron que participara la Tercera División de la Legión, con cabra incluida.

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