LA FERIA repetida y a pares

  • Portada reciclada, el mismo esfuerzo ahorrador y hasta las mismas polémicas para la edición del Corpus que arranca mañana

La feria de Granada está camino de convertirse en un viaje en el tiempo que dura una semana. El mismo albero, la misma portada, casi las mismas casetas -menos, como casi todo en esta época de recortes- y casi las mismas polémicas. Que si el ferial por aquí, que si una nueva ubicación por allá, que si hay que pagar a la Junta para el terreno de Almanjáyar... Los titulares de un año a otro comienzan a confundirse, como puede confundirse el turista que, ávido de Corpus, aterrice -es un decir, cada vez llega menos gente a través del aeropuerto- para disfrutar de la feria. La entrada al recinto, esa portada que se hizo pensando ya en ser reciclada, la misma. Para ahorrar. Y para que luzca, por qué no, para qué hacerla para un único año.

Ya se hizo antes y salió bien. La que luce ya en Almanjáyar es un homenaje a la catedral que ya el año pasado estuvo aguantando estoica en el templo de albero del ferial. Antes que ella, otra portada repitió dos ediciones, la de 2009 y la 2010, esa de la que alguien escribió que era el Corpus de la Marmota. Se recicla a pares. A portada cada dos años. De momento, porque está por ver si esta se reutiliza el año que viene. El día de su primer bautizo bajo el sol de la zona Norte, hace 24 meses más o menos, el concejal Vicente Aguilera explicó que estaba hecha para ser reutilizada. Parece que será así hasta la situación económica municipal viva tiempos mejores, algo que no tiene visos de ser a corto plazo, planes de ajuste y créditos para pagar a proveedores aparte.

Aunque también es cierto que no hace falta tener los bolsillos llenos para que las ganas de fiesta vengan a ver a los granadinos. El poco dinero que cambiará de manos en alguna de las 72 casetas -no en todas, por puntualizar, algunas son de servicios- para intentar refrescar la garganta y aplacar el hambre. Que para llegar a Almanjáyar hay que darse un paseíto o pagar el correspondiente billete de autobús. 20 céntimos más caro, por cierto. Los autobuses pasarán con una frecuencia de entre un cuarto de hora y 30 minutos. Sí será más barato aparcar si se obtiene un abono semanal, que permite una rebaja de 37 a 34,95 euros en comparación con las tasas del año pasado. Pero si la idea es dejar el coche durante una tarde -o un par-, el importe sí es un tanto más elevado, de 4 euros a 4,25. Y si no, se puede hacer un recorrido a pie para ver, por ejemplo, cómo van las obras del Metro. Más o menos como estaban, para evitar la sorpresa al lector.

Otro Corpus del deja vù. Marcado por el ahorro, como los tres últimos años. Del municipal, se entiende. Más por menos, se pregona. Más luces pero con menos factura que pagar por parte del Ayuntamiento. La misma caseta municipal pero que cuesta menos dinero montar. Las instalaciones, también más baratas gracias a contratos ganados a la baja. Menos toldos en el centro para proteger a los fieles y a los turistas que quieran ver pasar la Tarasca el miércoles -esa sí, la misma de todos los años pero vestida por Pilar Torrecillas, que también pensará algo para el dragón- y a la Custodia que le seguirá los pasos el jueves. Prácticamente las mismas actividades que el año pasado, gracias al apoyo de patrocinadores y las asociaciones de vecinos. Las prioridades son las que son y, como ya se ha dicho, para tener ganas de fiesta no hace falta dinero. Aunque tenerlo ayuda a pasar el rato de una forma un poco más cómoda, remojada y menos hambrienta.

Y en cuanto a las polémicas, a los reproches políticos y demás tinta, igual que otros años. La feria de día o el traslado del recinto son ya compañeros de viaje del Corpus de forma que van funcionando a modo de previa a las carocas y a las quintillas. Cruces de acusaciones sobre si hace falta o no que se instalen carpas en el centro, para unos -la oposición- necesarias como el comer y a imagen y semejanza de ferias de capitales vecinas. Inimaginables para otros -el equipo de gobierno- que defiende que hacer eso iría en detrimento del legítimo interés y del bolsillo de los bares del centro. Y así sucesivamente, año tras año. Porque los discursos se repiten, como la feria.

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