Con la feria a cuestas

  • Vinieron desde Córdoba y mañana se marchan a Badajoz. Por vocación o por dinero, los feriantes recorren España con sus caravanas, atracciones, sueños y preocupaciones

La feria del Corpus se despidió ayer de Granada y, con ella, sus otros protagonistas: los feriantes. Siempre de paso y a bordo de sus caravanas, recorren España de Norte a Sur para montar y desmontar sus atracciones en unas condiciones que, tal y como ha ocurrido estos días, suelen ser extremadamente duras por el fuerte calor. Esta gran familia de trabajadores llegaron a la capital procedentes de Córdoba y mañana, según comentan, se irán a Badajoz.

"Durante la semana de feria hemos abierto las atracciones a las cinco o las seis de la tarde, aunque una hora antes nos hemos encargado del mantenimiento y de la reparación de alguna posible avería, así como de la limpieza de las caravanas. Los cacharritos han cerrado a eso de las cuatro de la madrugada, momento en el que nos íbamos a dormir". Así explica su rutina de trabajo Pablo, un polaco de 35 años que se ha encargado de la puesta en marcha de la atracción más grande del ferial: el ratón vacilón con gato comilón, de la empresa Bañols Atracciones S.L, también dueña del ala delta instalado en el recinto ferial.

Este joven enfermero, que comparte caravana con su compatriota Crístofer, de 34 años; Basilio, un ucraniano de 38; y Mario, de Rumanía, entre otros, relata -mientras apura su buen plato de carne con patatas- cómo es su vida: "dura, en la caravana y siempre viajando de una ciudad a otra sin apenas parar".

Pero, como todo en la vida, su oficio tiene también una parte positiva, ya que le permite descubrir distintas ciudades y a sus gentes. "Conocemos bien España y esta ha sido ya mi séptima temporada en Granada. La verdad es que me gusta mucho. La mayoría de los que trabajamos en la feria, si tenemos tiempo antes de abrir las atracciones, hemos ido al centro para conocer bien esta capital, que es maravillosa", comenta.

Pero el cansancio derivado del esfuerzo que requiere el montaje de las atracciones suele pasar factura: "este empleo cansa mucho y algunos, cuando han cogido permiso, se han quedado en las caravanas o se han ido a sus casas para ver a su familias".

Es el caso de Mario, uno de sus compañeros. Vive en El Tardón, un barrio de Sevilla, y presume de ser vecino de su ídolo musical: Chiquetete. En Granada viven sus tres hermanos y una hermana, todos ellos "casados, con sus trabajo y familias en la capital". "Cada día han venido a la feria y los he montado en todos lados", asegura.

Mario trabaja en la feria desde hace nueve años y reconoce la dureza de su oficio: "Sí, es duro montar y desmontar los cacharros con calor y aguantar tantas horas de pie mientras controlas que todo está funcionando bien".

Estar siempre "de un sitio a otro" tampoco es tarea sencilla y, por eso, este rumano espera "no tener que estar así toda la vida". De hecho, "no todo el mundo aguanta esto" y, en la feria de Granada, "casi todos los empleados son" extranjeros porque, según valora, "no hay español que aguante". Aunque, bien es cierto que -en sus palabras- "la empresa para la que trabajamos paga muy bien". Si no, "no estaríamos aquí"

Por el mismo interés económico trabaja Pablo, que abandonó su país para ganar más dinero y "preparar un futuro mejor". El polaco presume de tener "todo listo" para regresar en cuanto acabe la temporada. "En mi país tengo casa y familia. Soy muy joven y no tengo hipoteca; ya tengo, a mis 35 años, todo pagado".

Pero su hogar momentáneo es una caravana. La suya cuenta con seis habitaciones y en cada una de ellas duermen dos empleados. Dentro de cada cuarto disponen de aire acondicionado, televisión y frigorífico. En el vehículo tienen mbién un cuarto de baño para todos, con ducha y lavadora.

Pero la caravana más alegre de todo el recinto ferial es, sin duda, la de Clarita Martín. Sus macetas y sus blancos paños de cocina, tendidos en la puerta, atrapan la atención al instante y de forma irremediable.

Pasando "mucho calor" y siempre "de un sitio a otro", esta palentina que asegura sentirse "de Castilla la vieja" tiene 74 años muy bien llevados. Desde los once viaja con la feria a cuestas: "He recorrido toda España y llevo toda la vida así. Fíjate, desde que el Corpus se ponía en el Salón.... Con pocos años de edad ya venía a Granada y no me he perdido ni una sola feria".

Empezó a trabajar en este oficio "con unos conocidos" y ya se quedó, siempre junto a la Caseta de muñecos de Aida y Sandro, una atracción "muy bonita" y "con mucho género" de la que ahora se encargan su hija y su yerno.

Clarita ya se ha jubilado aunque, según confiesa, no puede estar en casa y "esto de la feria me tira, me tira mucho". Y eso que asegura que es "muy duro" y, más aún, "este año con la crisis", de modo que, según relata, "el que no esté acostumbrado no aguanta aquí porque esta es una vida muy sacrificada".

Sin embargo, sus tres hijos trabajan en la feria. Los dos mayores, además, "han hecho la comunión aquí, en Granada, cuando estábamos en el Violón". Por eso, esta palentina de pro que se declara "casi granadina", ha estado, claro está, encantada de volver un año más y de despide -con una sonrisa amplia- "hasta el año que viene".

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