Corpus

Los niños toman las riendas en el ferial

  • Columpios a 1,5 euros, actividades de magia y juegos al fresquito de la guardería infantil, la feria fue ayer el territorio de los más pequeños · La jornada de descuentos en las atracciones se volverá a repetir el próximo domingo

Los protagonistas de este reportaje son Marta, Jimena, Laura, Manuel, Antonio... no superan el metro y medio de estatura pero cada año logran que, al menos un día, todas las miradas se centren en sus caras y sus movimientos. Ellos, afortunadamente, no entienden de crisis ni recortes pero son expertos en resistencia frente a las atracciones y capaces de pasar horas y horas dando vueltas en una noria o subiendo y bajando de los caballitos en el tiovivo.

Lo que queda claro es que a falta de un gran parque de atracciones permanente en el que los niños puedan soltar toda su adrenalina infantil, la feria es lo más parecido al paraíso para ellos. Columpios, payasos, magia, juegos de mesa y puestos de golosinas se concentran en la explanada de Almanjáyar a la espera de la llegada de miles de menudos ávidos de aventuras. Para colmo, si todas estas actividades pueden salir económicamente un poco más livianas a los padres, el denominado Día del Niño se convierte en un día casi perfecto.

"Casi" porque la afluencia de cientos de familia al ferial también tiene sus consecuencias: las eternas colas para hacer cualquier cosa. Ir al servicio con el pequeño, comprarle una coca-cola o montarlo en los coches de choque es todo un ejercicio de paciencia que se transforma en un ejercicio de fortaleza cuando pasas más de 5 minutos en una cola soportando 30 grados a la sombra. Pero, claro, todos los padres dicen y piensan lo mismo: la sonrisa de su niño lo vale todo.

Y sonrisas, risas, carcajadas y miles de gritos dio Paula. Con cinco años no podía resistir las cosquillas que le daba una extraña atracción que subía y bajaba sin parar. Su madre, a los pies del columpio, le hacía miles de fotos y explicaba que la niña "siempre ha sido muy valiente". "Nunca le han dado miedo los columpios, todo lo contrario, nunca quiere bajarse de ellos".

Precisamente, porque los niños nunca se cansan y se les antoja montarse en todos los cacharritos, el Ayuntamiento y la Asociación de Feriantes, además de repartir 7.100 tickets para los columpios, han dedicado dos días a los niños. El de ayer y el próximo domingo. Durante estas jornadas los viajes en los columpios cuestan 1,50 euros cuando normalmente pueden llegar a los 3 euros, eso sí, los columpios vuelan, algo que genera no pocas quejas entre los padres. "Hombre, después de estar esperando casi diez minutos en la cola no es normal que sólo le den una vuelta a los niños y se acabó", comentaba más de un padre.

Lo mejor de todo, pensaba también más de un padre, es que la feria de Granada dispone de una guardería para que los mayores puedan darse un respiro de tanta intensidad infantil. El servicio se encuentra ubicado en la caseta número 10 de la calle El Vito y por el módico precio de un euro, las familias pueden dejar a los niños mientras cogen fuerzas con un buen café o una copa. El primer día, las cinco monitoras que trabajan en la guardería atendieron a 19 niños y ayer, pasadas las 6 de la tarde ya habían pasado 21.

El centro cuenta con aire acondicionado para crear un buen ambiente, tiene colchonetas por si alguno de los pequeños se queda dormido y una infinidad de juegos para entretenerlos.

Tardes de magia

Y por si con los juegos de la guardería y los columpios, los niños no tuvieran bastante, durante todas las tardes de feria se celebra en la caseta municipal el llamado Corpus Mágico. Diferentes profesionales del Círculo Mágico de Granada ofrecen sus mejores trucos al público infantil y no tan infantil. Además, este año se elegirá al mejor mago amateur que tendrá la oportunidad, si gana, de actuar en el festival de magia Hocus Pocus. Las tardes de magia se acompañan también de la llamada merienda saludable compuesta por un 'pulevín' y un buen bocadillo de jamón y que es ofrecida a los asistentes gracias a la colaboración de Mariscal y Puleva.

Y así, después de miles de vueltas en los columpios, bailes y juegos y algún que otro truco de magia, los niños comienzan a abrir la boca no de sorpresa ni risas, sino de cansancio. Con bostezos y restregones de ojos se marchan del ferial a continuar en su paraíso infantil, pero ya, mientras duermen.

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