ANÁLISIS

DUI del 27-0: el día de los inocentes

  • Lo peor del 'procés'ha sido la parálisis política, con los separatistas creando problemas y el Gobierno obligado a reaccionar

  • Ahora hace falta alta política por parte de los constitucionalistas

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DUI del 27-0: el día de los inocentes

Estábamos equivocados, hemos cometido un error de percepción. Para la ex presidenta del Parlament, Carme Forcadell, la DUI que proclamó la Cámara catalana el 27 de octubre era simbólica, intrascendente, una escenificación teatral, una broma, una inocentada. Quizás tengamos que cambiar de fecha el día de los inocentes. Me imagino la cara de estupefacción del presidente del Tribunal Supremo al escuchar de boca de una de las principales artífices e ideólogas de procés tan falaz declaración. El miedo a la cárcel hace auténticos milagros. Para que luego digan que la aplicación de la Justicia no es adecuada y eficaz a la hora de corregir las conductas delictivas de algunos políticos. Carme Forcadell y los cinco representantes de la mesa del Parlament no solamente negaron la evidencia de la proclamación formal de independencia, sino que también rechazaron la vía unilateral de independencia y acataron el artículo 155, comprometiéndose actuar dentro de la ley y la Constitución. De esta manera evitaron la prisión provisional. Sorprendentemente, y al mismo tiempo, el fantástico Puigdemont, desde su pretendido exilio en Bruselas, se declaraba presidente legítimo de la nueva República Catalana, afirmando que está configurando una estructura estable para gobernar desde el exilio. El independentismo está alcanzando niveles históricos de ridículo, esperpento e irresponsabilidad. Lo dramático e indignante de esta farsa es el elevado precio que estamos pagando en términos de sufrimiento y quiebra social de los ciudadanos y de alto costo económico para Cataluña y para España.

El precio de la DUI

Son muchas las investigaciones que se han realizado sobre el costo económico de la independencia lo de Cataluña. Los resultados son contradictorios en función de que los firmen investigadores y economistas proclives al independentismo o neutrales. El error que cometen los estudios encargados por la Generalitat se deriva de la falsedad de las hipótesis de partida. Los diversos estudios que he consultado parten de las siguientes falsas premisas de partida: la declaración de independencia será aceptada por la Unión Europea y tendrá aceptación internacional; a la UE le interesa que Cataluña forme parte de la Unión como país próspero y contribuidor neto; una Cataluña próspera e independiente atraerá a los inversores internacionales y, por lo tanto, no tendrá problemas para la financiación de su altísima deuda; no habrá deslocalización de empresas y tampoco se producirá en España rechazo de los productos catalanes.

En un corto espacio de tiempo la realidad ha desmontado todas estas falsas hipótesis. No ha sido necesario esperar a que la independencia de Cataluña se haga efectiva. Las expectativas generadas por el desarrollo del procés, desde la celebración del falso referéndum han sido suficiente para confirmar la falsedad de las hipótesis independentistas. La UE ha rechazado contundentemente la DUI. No ha habido aceptación internacional. Las entidades financieras -La Caixa y Sabadell- se han deslocalizado a otras regiones de España ante las previsibles dificultades financieras derivadas de la falta de confianza de sus depositantes y de sus inversores financieros. En tan sólo un mes han huido de Cataluña más de 2.300 empresas, entre ellas las más importantes, las del Íbex, que suponen más del 30% del PIB y del empleo de Cataluña. El consumo privado del último mes se ha desplomado, como lo evidencian las caídas de más del 30% el consumo minorista, de las ventas en los grandes supermercados, del transporte, del turismo, de las ventas de textiles, de automóviles etc. La inversión se ha desplomado con caídas superiores al 40% en el sector inmobiliario, en la compra de bienes de equipo y de transporte industrial. La inversión extranjera se ha paralizado ante la incertidumbre creada. El crédito se ha desplomado. La creación de empleo evoluciona muy por debajo de la media española. La creación de nuevas empresas ha descendido drásticamente y el empleo evoluciona muy por debajo de la media Española. El 23% de los españoles rechazan los productos catalanes. De alargarse el procés y la incertidumbre, con alta probabilidad, en 2018 Cataluña entrará en recesión.

También España se está viendo afectada, aunque en menor medida. Según las estimaciones del Banco de España, del AiREF, del BBVA y de otros bancos y organismos internacionales, el impacto negativo sobre el PIB del año 2017 será del 0,3% al 0,5%, entre 5.000 y 6.000 millones de euros. En el año 2018 entre el 1,1% y el 1,5% del PIB, de 13.000 a 18.000 millones de euros. Todo va a depender del tiempo de incertidumbre. Si el proceso se alarga, sin expectativas de solución, el impacto podría llegar al 2,5%, lo cual supondría el estancamiento de la economía española y la entrada en profunda recesión de Cataluña.

Costos de oportunidad

Pero quizás lo más grave sea lo que se está dejando de hacer como consecuencia del conflicto secesionista. Me decía un empresario que el problema de los malos negocios, a veces sin solución, es que te obsesionan y absorben todo el tiempo, esfuerzo y dinero del que dispones, en detrimento de los buenos negocios, que acabas abandonando. Es lo que le está pasando al Gobierno de España y de Cataluña. En Cataluña, desde hace más de un año, no existe un Gobierno efectivo que atienda los intereses y necesidades económicas y sociales de los ciudadanos. Todo lo contrario, la acción del Ejecutivo catalán, en vez de solucionar, crea nuevos problemas de convivencia, inseguridad, incertidumbre, atención social y empleo. El Gobierno español lleva ya varios meses sin legislar, absorbido únicamente por reaccionar a las sorpresas y problemas diarios generados por el procés independentista. Las grandes reformas y los grandes problemas de España están desatendidos. Hay una parálisis de la acción política. No se aprueban los presupuestos generales. Las reformas pendientes, totalmente necesarias para mantener nuestra positiva senda de crecimiento, están paralizadas. Las reformas de la financiación autonómica, de las pensiones, del mercado de trabajo, de los mercados de bienes y servicios, de la energía o de la educación, están abandonadas.

La Comisión Europea ha elogiado recientemente la senda de crecimiento de España, superando las previsiones que había hecho el mes de mayo, tanto del crecimiento del PIB hasta el 3'1% en 2017 y el 2,5% en 2018, como del empleo, el déficit y la deuda pública. En un exceso de neutralidad y diplomacia no ha querido pronunciarse sobre la cuantificación del efecto independentista, que han afirmado que será reducido sí la situación política tiende a normalizarse. El peor de los escenarios para España es que la inestabilidad política paralice el exitoso proceso de reformas que ha permitido que España esté creciendo y creando empleo por encima de la media europea. Hasta ahora, la incertidumbre política ha ido en aumento. Como aspecto positivo quizás podamos afirmar que los acontecimientos están convenciendo al independentismo moderado de que la declaración unilateral no es la solución, de que hay que abandonar esta vía. Pero esto no implica que el objetivo de independencia a medio y largo plazo se haya abandonado. El procés y el problema del encaje de Cataluña en España continuarán.

Nos esperan grandes retos y reformas, entre ellas, la de la Constitución. Es el momento de la gran política, de la responsabilidad de los partidos constitucionalistas, del fortalecimiento de la democracia y el Estado de Derecho que recientemente se ha visto amenazado. Debemos construir una España solidaria en el que la diversidad tenga el mejor encaje posible. Nos encaminamos a una segunda transición en la que nuestros políticos y dirigentes deben trabajar con la generosidad, la inteligencia y la altura de miras que tuvieron los protagonistas de la primera transición democrática de España. Es el momento.

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