Mejor el dinero que la dignidad

  • España no demandará a Alemania por la crisis del pepino, prefiere su complicidad

España no va a presentar ni impulsar ninguna demanda por el daño que ha causado al sector agrícola una acusación falsa contra varios lotes de pepinos de Málaga y Almería. Los cargos, recordemos, eran gravísimos: se decía que eran los portadores de una bacteria que ha causado la muerte, hasta ahora, a más de dos decenas de personas. Pues bien, no era así, y, a fecha de hoy, ninguna autoridad alemana ha pedido disculpas. Ni de la ciudad autónoma de Hamburgo, el origen de la acusación, ni del Gobierno federal. Ni han pedido perdón ni tampoco han llegado a rectificar del todo, pues siguen manteniendo que los pepinos españoles estaban contaminados, aunque no han aportado prueba alguna sobre ello. Tampoco España, como país, como Gobierno, ha exigido, que se sepa, retractación alguna. Es cierto que anunció medidas jurídicas y que incluso encargó el caso a la Abogacía del Estado. Pero poco a poco fue aparcando la vía judicial, y ya el pasado viernes Rubalcaba hablaba, tras la reunión del Consejo de Ministros, de centrar los esfuerzos en pedir compensaciones a la Unión Europea. Incluso se llegó a recomendar a las asociaciones de agricultores que aparcaran sus posibles demandas. Que, con Alemania, era mejor la vía diplomática

España ha preferido el corto plazo y lo práctico antes que el camino más largo y la defensa efectiva de la marca país. Para lograr las máximas ayudas posibles -y ya nos podemos dar con un canto en los dientes con los 210 millones conseguidos- era necesaria la complicidad de Alemania, y también no enfadarla demasiado. El episodio de los pepinos ha demostrado de verdad cuál es la posición de cada país en Europa. Por si no estaba ya claro. El papel de los políticos, además, queda al descubierto. Son muy dados a hacer declaraciones rimbombantes. Ayer, la consejera de Agricultura, Clara Aguilera, empleaba palabras duras con las autoridades alemanas y las acusaba de temerarias. Lleva así una semana. La consejera lo tiene muy fácil: fomente una demanda colectiva entre los agricultores andaluces contra los causantes del desaguisado; viaje a Alemania y levante la voz allí. ¿Dónde ha estado todo este tiempo el embajador de España en Alemania? Quizás tenía que haber hablado todos los días en los medios alemanes, porque en Alemania, mientras los pepinos españoles estaban en la picota, todo el mundo dio por hecho que eran éstos los culpables. Las declaraciones de los políticos españoles, todas en nuestro país, no llegaban allí.

Las compensaciones a los productores son pan para hoy y hambre para mañana. Lo que hace falta es que, sin miedo a Alemania, con toda la moderación posible, pero también con firmeza, los políticos de aquí se dediquen a defender los intereses generales de verdad. No es un problema del Gobierno actual ni de ningún partido. Es más: pienso que sin Rosa Aguilar el curso de los acontecimientos hubiera sido mucho peor. Es un problema de complejo de inferioridad, de que nos sentimos un país pequeño. En fin, la prueba del pepino ha demostrado quién es quién en Europa.

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