Formas y colores para el Simpecado

Formas, colores y olores a través de las flores. El adorno de los simpecados cobra una importancia muy especial estos días, en los que las hermandades proyectan su imagen al exterior durante el camino y su estancia en la aldea para presentarse ante la Virgen.

Son muchas las que no escatiman en medios para glorificar a su imagen a través de unas composiciones florales únicas, que despiertan la admiración de los demás y que se convierten en una carta de presentación en El Rocío.

Antonio Rivera sabe muy bien lo que significa vestir al Simpecado estos días de romería. Como responsable de la floristeria La Victoria, en la capital, ha afrontado su cuarto año decorando el de la Hermandad de Huelva, a la que también pertenece, y con la que ha cumplido un sueño. Lleva diez años con su negocio y desde el principio tenía claro que su objetivo era poner flores a la Virgen de la Victoria, a la Virgen de la Cinta y a la Hermandad del Rocío de Huelva. "He conseguido las tres cosas. Han sido experiencias muy importantes pero lo de los tres años que he trabajado para la Hermandad de Huelva ha sido muy especial", confiesa.

El trabajo de Antonio Rivera es intenso durante la romería. Su intervención se plasma en las llamadas puestas de flores, tres en total, para el Simpecado de Huelva. La primera de ellas se produce en la víspera de la salida, por la tarde, "con la fresca, durante 4 ó 5 horas, con tranquilidad". Todo debe quedar dispuesto para el paso por las calles de la capital. Es el momento de flores elegantes y de colores menos llamativos, discretos.

Esos momentos ante el Simpecado son mágicos para el florista. "Se convierte en algo muy íntimo. La imagen, la Virgen, se convierte en algo mío durante ese tiempo. Después paso a un segundo plano pero sé que es algo mío", asegura.

Esa primera puesta debe durar todo el camino, soportando la dureza de las altas temperaturas y del polvo. Sólo después, la madrugada del sábado, ya en la casa de la hermandad en la aldea, es cuando se da paso a la segunda puesta, muy laboriosa. "Hay que desmontar toda la flor, limpiar el carro de todo el polvo del camino para que vuelva a relucir y entonces se empiezan a montar las nuevas flores", apunta.

En el proceso es normal que no termine de trabajar hasta las nueve de la mañana. Es una labor que requiere del máximo cuidado para garantizar un acabado óptimo, lo que unido al perfeccionismo que se reconoce Rivera, hace que sea una de las más complicadas. El objetivo es que luzca el Simpecado para el acto de presentación de las hermandades, por lo que el propio florista asegura que su apuesta son las formas "fuera de lo común", utilizando espirales y disposiciones lineales vistosas que otros años se han llevado la admiración de muchos romeros y hermandades.

"Soy muy atrevido, siempre intento innovar. Tengo que agradecer a las camaristas, Aurelia y Nuria, que siempre son receptivas", apunta Rivera, quien cuenta cómo trata de conseguir flores distintas, exóticas, procedentes de Tailandia o Ecuador, para dar siempre una vuelta de tuerca más. "La espectacularidad ha distinguido a Huelva estos años", asegura con orgullo.

La tercera puesta, para el camino de vuelta y la llegada a Huelva, tiene mucha exigencia también para el artista. Se trata de una carrera contra el reloj, ya que en la parada en el paraje de la Suelta, en sólo dos horas, debe retirar las flores y sustituirlas por nuevas composiciones, esta vez utilizando flores más silvestres, buscando una sintonía con el campo, con el que los romeros se funden por última vez antes de llegar a casa.

"Hay tal celeridad que parece un concurso de televisión. La gente se coloca junto al carro para ver el proceso. No hay tiempo que perder y hay que actuar con la rapidez que no se ha necesitado antes en las dos puestas anteriores", dice.

La satisfacción del trabajo bien hecho y el orgullo de servir a la Virgen del Rocío compensan el desgaste producido. "Para mí es algo muy grande, muy especial y pongo mis entrañas en ello", asegura.

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