Rosario Montoya, la 'Reina Gitana', pianista flamenca

"Gracias al flamenco puedo plasmar mis sentimientos"

  • La primera mujer gitana titulada como profesora de piano clásico se llama Rosario Montoya pero todos la conocen como la Reina Gitana.

Comentarios 8

-Ha sido una de las revelaciones de la XVII Bienal de Flamenco de Sevilla que mañana se clausura. La hemos visto en un recital en solitario y acompañando a cantaores como El Torta y Rocío Márquez. ¿Ha llegado la hora de Rosario Montoya y su piano?

-Toco el piano flamenco desde los 16 años contra viento y marea, sobre todo en congresos y convenciones. Pero ésta ha sido la primera vez que actúo en el marco de la Bienal. Les había entregado millones de veces el boceto de mi espectáculo 88 teclas de pasión. Y así hasta que Jesús Quintero vino a conocerme a Jerez. Inmediatamente me preguntó por qué yo no estaba en el festival y se comprometió a traerme este año. Si he renacido artísticamente ha sido gracias a Quintero, que apostó por mí para su ciclo Las Noches de la Bienal y me está dando mucha cancha.

-Las mujeres no habían tenido hasta ahora un claro protagonismo en el piano flamenco. Y ahí llega La Reina Gitana, que hasta se atreve a tocarlo con bata de cola.

-Soy una mujer gitana que obtiene el título de profesora e instrumentista de piano en 2002. Cuando lo logré, me notificaron que además era la única titulada de piano de raza gitana en toda España. Y eso me gustó, fue como si me dieran con una varita mágica. Soy pionera pero no me siento distinta porque en Jerez y Cádiz no hay discriminación alguna ni racismo. Todos somos iguales.

-Sus conciertos son pura pasión. La gente se emociona y conmueve, pero también ríe a carcajadas.

-Será por el acento tan marcado que tengo pero el público en el Teatro Quintero se revolcaba de risa por el suelo. Soy muy natural y en mis espectáculos hablo de las experiencias y las verdades que ocurren en mi vida. Yo cuento anécdotas divertidas antes de interpretar una rumba o una bulería porque la gente así puede meterse más en el concierto y comprender mejor mi música.

-¿Cómo define su estilo?

-Mi flamenco no es ortodoxo. Mis composiciones son algo diferentes pero no hago fusión con el jazz. Soy intérprete pero también compositora y he logrado algunos premios en este campo. Me considero autora de mis propios temas, no me gusta copiar a nadie. También compongo por encargo para bailaores y cantaores.

-Entre el piano clásico y el flamenco, elige el segundo.

-Sí. Aunque tenga la carrera de música clásica el flamenco es la música que me gusta, con la que mejor me identifico. Gracias al flamenco puedo plasmar mis sentimientos. Cuando quiero expresar que estoy triste toco por malagueñas o por seguiriyas, como las que dediqué a Terremoto y Moraíto.

-¿Cuándo decidió que quería ser pianista?

-A los cuatro años me enamoré del sonido de las teclas blancas y negras. Fui autodidacta al principio y sacaba mis propias composiciones. Mi único contacto con la música clásica era a través de la radio. Pero allí, sobre todo, sintonizábamos Los 40 Principales. Pertenezco a una familia muy humilde. Vivíamos en el campo a las afueras de Jerez. En mi niñez jugaba con mis hermanos en el almiar y por las noches mi madre nos cantaba una nana que yo soñaba con tocar algún día en un teatro con piano de cola. Esos recuerdos han inspirado precisamente el tema que abre mi trabajo 88 teclas de pasión.

-¿Cómo consiguió comprar su primer piano?

-De pequeña vivíamos en el camino de la Canaleja, en una finca de Ramón Pravia. Su familia nos ayudó muchísimo y me compró mi primer piano así que gracias a eso pude estudiar la carrera en el Conservatorio Superior. Mi ansiado piano de cola ya me lo regaló mi marido, Alejandro, hace cuatro años. Es el piano de cola que alquilaba cuando tenía que tocar, un piano de artista de la marca Kawai. Me gustan mucho sus pianos porque tienen un mecanismo que te permite sacarle muchos matices a la música.

-En sus conciertos nunca se olvida de homenajear a una jerezana universal: Lola Flores.

-Lola Flores siempre será una diosa, para mí y para todas las mujeres artistas y tonadilleras. Es inigualable y nadie puede comparársele porque Dios nos la mandó para que disfrutáramos de su genio, su fuego y su poderío. Yo siempre le dedico algo a Lola porque quiero que su figura siga sonando en los escenarios. Me gusta recordarla especialmente con A tu vera.

-Compagina su carrera artística con las clases en la escuela de música del Ayuntamiento de Jerez. ¿Le gusta la enseñanza?

-Me apasiona. Imparto clases de piano, lenguaje musical, música de cámara... Me encanta conectar con los alumnos. Con los niños chicos me convierto en una amiga más: me hago una coleta, me coloco una camiseta estampada con el Bob Esponja y así me los camelo. Ven que no soy una profesora pedante y me convierto en una especie de animadora social para enseñarles jugando el lenguaje musical, que es difícil. Con la técnica del piano soy comprensiva porque sé que en el colegio han de estudiar muchísimo. Les animo a que descubran el sentido de las partituras. Les enseño en condiciones pero sin agobiarlos.

-De pequeña era usted una niña acomplejada. Nadie lo diría viéndola tan radiante, tan dueña de los escenarios.

-He vivido con la impresión de ser la más fea de mi casa. En mi casa somos siete hermanos y yo soy la más chica. Cuando los familiares y amigos preguntaban por nosotros mi madre contestaba: "Mi hija mayor Juani es guapísima, el siguiente es un faraón, mi hija Pilar es una virgen con la cabeza llena de rizos... y mi hija pequeña, Rosario... ésa toca muy bien el piano". Jesús Quintero se dio cuenta al momento porque a ese hombre no hay quien le engañe. Caminando un día me dijo: "Reina, Rosario, yo sé que tú te ocultas la cara con el pelo porque tienes un trauma de tu niñez pero o te lo quitas o hablo con un psiquiatra para que te lo quite él". Así que ahora, poco a poco, me voy echando el pelito para un lado y soy feliz pensando que aunque no soy guapa sí que toco muy bien el piano.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios