Doce profesores universitarios elaboran un código ético para políticos

  • El texto, de 24 artículos, aborda las relaciones de los partidos con la ciudadanía, las relaciones entre partidos o las características que debe tener un buen político.

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Doce profesores de varias universidades agrupados por la Cátedra Ethos de Ética de la Universidad Ramon Llull (URL) han elaborado el primer Código Ético para Políticos (pdf, en inglés), que recoge los principios que deben regir su trabajo, su relación con la ciudadanía, entre partidos y con los medios de comunicación. El código, el primero para políticos profesionales que se elabora en España, donde algunos partidos e instituciones tienen códigos de buenas prácticas internos, ha sido publicado por primera vez en la publicación Ramon Llull Journal of Applied Ethics.

Los autores, la mayoría profesores de Ética y Ciencias Políticas, son Antonio Argandoña (IESE-Universidad de Navarra), Norbert Bilbeny y Begoña Román (Universidad de Barcelona), Victoria Camps y Josep María Vallés (Universidad Autónoma de Barcelona), Francesc Torralba, Miquel Calsina, Ferrán Sáez y Miquel Seguró (URL), Ángel Castiñeira (Esade) y Ferran Requejo (Universidad Pompeu Fabra). También ha participado el profesor Cristian Palazzi, secretario de la Cátedra Ethos de Etica de la URL, quien ha explicado que la ideología de los autores abarca "todo el espectro político, desde la derecha hasta la izquierda, pasando por los nacionalismos".

Durante tres meses de discusiones, los profesores, que han contado con la colaboración de la profesora del Centre for Business and Public Sector Ethics de la Universidad de Cambrigde Rosamund Thomas, han elaborado un código con 24 artículos "Este es un código transversal, con principios generales, que no está basado en ninguno ya existente", ha dicho Palazzi, que reconoce que hay quien lo considera excesivamente genérico o poco exigente.

El código fue entregado hace unos días a la presidenta del Parlamento catalán, Núria de Gispert, para que sea debatido entre los grupos parlamentarios y asumido por toda la clase política catalana, aunque, según Palazzi, "sólo las leyes son de obligado cumplimiento, y la ética es una cuestión de convicción voluntaria". "Con el código hemos querido ayudar a tratar de unir ética y política, dos conceptos que todo el mundo da por rotos, e incluso nos han acusado de ser ingenuos", ha afirmado el profesor de la URL.

El preámbulo del código explica que "la salud democrática de una nación depende de la calidad ética de sus ciudadanos y de sus representantes políticos" y que estos se tienen que ganar su credibilidad generando la confianza de la ciudadanía. Honestidad, lealtad, veracidad, ejemplaridad, austeridad y capacidad de servicio "son actitudes básicas, independientemente de las opciones políticas que legítimamente defiendan", añade el código, que también subraya los valores de equidad, tolerancia y espíritu de diálogo y participación.

Los cinco primeros artículos definen cómo han de ser las relaciones de los políticos con la ciudadanía, destinatarios de la actividad del político, y les recuerda, entre otras cosas, que tienen que defender "el proyecto para el que han sido escogidos" y "responder de sus acciones públicas y asumir las responsabilidades que se deriven", además de "escuchar a las partes implicadas". También regula las relaciones entre partidos, que "tienen que guiarse por el respeto y por el cuidado en el uso del lenguaje", así como por el "espíritu de diálogo, el juego limpio y la veracidad". "Tienen que respetarse mutuamente la vida privada, las creencias y los estilos de vida personales y no utilizar la esfera privada como argumento en el debate público", recomienda el artículo octavo.

La obligación de rendir cuentas, informar de manera transparente, velar por el buen uso de los bienes públicos, no beneficiarse del cargo para privilegios personales, familiares o de partido, eficacia en la gestión y ponderación e imparcialidad en las adjudicaciones, son algunas de las recomendaciones del código. También recomienda "respetar la legítima autonomía profesional de los medios de comunicación, sin presionar, interferir ni coaccionar sus prácticas" y evitar "en todo momento, la demagogia, la manipulación y la falsedad".

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