'Revival' para una despedida

  • El presidente del Gobierno y el líder del PP acaban por desearse lo mejor en el último de sus grandes cara a cara mientras Rubalcaba sigue calentando motores

El jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su rival político, Mariano Rajoy, se desearon ayer lo mejor, pero eso sí, sólo en lo personal. Y lo hicieron después de protagonizar un cara a cara tan similar al del año pasado que parecía que el hemiciclo había puesto en marcha la moviola.

Hasta algunos pequeños detalles delataban esa similitud, como la corbata de Zapatero, que o tiene dos exactamente iguales o ha querido elegir para su último Debate sobre el estado de la Nación, la misma que ya lució en julio pasado para la cita parlamentaria más importante del año.

Comenzó frío el debate pese a la ola de calor que sufre el país. Tanto, que algunas ministras, como Leire Pajín o Ángeles González-Sinde, tuvieron que ponerse las chaquetas, como también lo hizo, ya a primera hora de la tarde y en la bancada del PP, la diputada Ana Mato.

Pocas caras conocidas en la tribuna de invitados, donde se sentaron juntos, como siempre, el padre y la esposa de Zapatero, ya habituales en esta cita.

El austero color marrón del vestido de Sonsoles Espinosa contrastaba con el estampado veraniego de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que no se perdió ni un solo minuto de la intervención inicial de Zapatero ni del vespertino cara a cara.

Aguirre estuvo acompañada, por la mañana, por el secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, y el presidente asturiano en funciones, Vicente Álvarez Areces, cuyo asiento ocupó por la tarde la flamante presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, que, como ya no es senadora, no ha podido sentarse, como en otras ediciones, al lado de su jefe de filas.

Más lejos, el coordinador de IU, Cayo Lara, se aplicaba en tomar notas de las intervenciones en un cuaderno que apoyaba en sus piernas.

Y, si hubiera que elegir al alumno más atento del hemiciclo, la votación estaría muy reñida entre el diputado de IU, Gaspar Llamazares, y la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, que junto con la titular de Exteriores, Trinidad Jiménez, pusieron una nota de color (amarillo y rosa, respectivamente) en los bancos azules del Gobierno.

Garmendia, siempre atenta a las intervenciones, se permitió hacer un gesto de victoria cuando conoció, a través del móvil, que San Sebastián, su ciudad natal, había sido elegida capital cultural europea 2016, pese a que todas las quinielas aupaban a Córdoba.

Zapatero comenzó su primera intervención a las doce en punto y hasta 25 minutos más tarde no logró arrancar ningún aplauso de la bancada socialista, que sólo le interrumpió otras cinco ocasiones.

Eso sí, el aplauso final de su grupo al concluir la intervención duró exactamente 70 segundos, casi treinta más que el que los populares dedicaron al primer discurso de Rajoy.

También hubo abucheos, aplausos y alguna que otra pequeña reprimenda del presidente de la Cámara, José Bono, a algún diputado subido de decibelios.

Las últimas palabras de Zapatero en su intervención matinal, que sonaron a despedida -para otros a adelanto electoral- pusieron en pie a todos los socialistas, salvo a su mano derecha, Alfredo Pérez Rubalcaba, que permaneció sentado junto al presidente hasta que éste se levantó para agradecer los aplausos y recibir algunos abrazos, como el de Miguel Ángel Moratinos.

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