Zapatero en manos de Trini

  • Una derrota de la ministra ante Gómez debilitaría al presidente y podría marcar el devenir de lo que resta de legislatura

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Hasta que Rodríguez Zapatero la convenció para que aceptara el reto de enfrentarse a Esperanza Aguirre en las elecciones autonómicas de 2011, Trinidad Jiménez vivía políticamente un momento dulce (también en lo personal). En el Gobierno, lideraba en el Consejo de Ministros el fondo sur de ministros de segundo nivel -es decir, todos, excepto los vicepresidentes, José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón- y estaba entre el reducido grupo apreciado por la ciudadanía, dentro del suspenso colectivo que las encuestas del CIS viene dando al Ejecutivo socialista prácticamente desde el inicio de la crisis.

Esta buena imagen se la ganó con la gestión de la pandemia de la gripe A. Aunque finalmente todo quedó en un fuerte resfriado estacional, pocos la han culpado del desembolso millonario de vacunas que han acabado en la basura. Además de imprimir seriedad y solidez política a su gestión, derrochó simpatía, cercanía y sinceridad. En una comida con periodistas, muy propicia para que fuera políticamente correcta criticando a su tío, el ex fiscal-jefe de Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, que había salido desaforadamente en defensa del juez Baltasar Garzón con alusiones al pasado franquista de algunos magistrados, sorprendió a casi todos por la defensa cerrada que hizo del hermano de su padre, sin dejar ningún resquicio para la duda ni política ni afectivamente.

Sin embargo, como contaba, el buen momento político que vivía -entró de lleno en las quinielas sucesorias que circulaban por la Villa y Corte- se complicó cuando Rodríguez Zapatero le pidió que encabezara la lista de Madrid en las autonómicas y ella aceptó. Pero se torció mucho más cuando el secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, no aceptó los requerimientos de la Ejecutiva federal y del propio Rodríguez Zapatero para que le cediera la cabeza de cartel.

Con las primarias servidas en el seno del PSM, Trinidad Jiménez se embarcó en una campaña donde partía como la candidata oficialista, la candidata de Rodríguez Zapatero, José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba. Un cartel no del todo bueno en un partido que, en las primarias que enfrentó a Joaquín Almunia con José Borrell, ya se decantó por el que no contaba con el apoyo del aparato.

A pesar de que su equipo de campaña intentó contrarrestar esa imagen oficialista presentando a Gómez como el "candidato de la derecha" por su escaso respaldo popular, la sensación de que el secretario general de los socialistas madrileños estaba siendo maltratado por la Ejecutiva federal, que lo sacó tres años atrás de la Alcaldía de Parla para que se hiciera cargo de la secretaria general del PSM, provocó una corriente de simpatía que le está poniendo la victoria a Jiménez más que difícil.

"No se le puede sacar de Parla, ponerlo al frente del PSM y tirarlo como un clínex por unas encuestas. Esa forma de actuar, manifiestamente injusta, ha provocado una corriente de simpatía entre la militancia que le dará la victoria a Tomás", asegura un histórico dirigente del PSM.

Esta tesis no la comparte un diputado madrileño afín a Jiménez, que defiende que "la Ejecutiva federal ha apostado por intentar arrebatarle la mayoría absoluta a Aguirre, y, para ello, ha elegido a Trini, que cuenta con mucho más respaldo ciudadano que Tomás según todas las encuestas, sin excepciones". "Al final, los militantes socialistas pondrán de manifiesto que opinan igual que la mayoría de los ciudadanos madrileños", agrega este diputado zapaterista.

En las trincheras de lo que ya se conoce como la batalla de Madrid, Jiménez cosechó desde el principio el apoyo de dirigentes, cargos públicos y destacados militantes muy afines a Rodríguez Zapatero, mientras que Gómez recibió más el respaldo de la vieja guardia socialista, con Gregorio Peces-Barba, ex presidente del Congreso, y Juan Barranco, ex alcalde de Madrid, a la cabeza.

Y está el curioso caso del diputado malagueño José Andrés Torres Mora, amigo personal del presidente del Gobierno, su ideólogo de cabecera -el leonés siempre ha dicho que le escribió el mejor papel de todos los que ha recibido- y aliado de Gómez. La decantación por el secretario general del PSM abrió un debate en toda regla en el seno del PSOE. Hasta el momento, Rodríguez Zapatero se ha tomado con deportividad que su amigo esté apoyando al candidato que más daño le puede hacer, y el malagueño responde que si la mayoría fuera la mitad de lo demócrata que es el presidente, estaríamos en Suecia.

Hay quien apunta que Torres Mora está con Gómez porque siente un odio tibetano por Blanco, Pérez Rubalcaba y por la propia Jiménez. Y los hay que consideran que Rodríguez Zapatero le ha puesto una vela a Dios y otra al diablo. De cualquier manera, con el manual de Philip Pettit (Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y gobierno) en las manos, Torres Mora no pecó de incoherente, sino más bien de todo lo contrario.

Con esta inflación de zapateristas y este déficit de vieja guardia -Felipe González podría paliarla si se decide a apoyarla públicamente-, Jiménez afrontará en estas semanas la pesada carga de saber que la victoria de Gómez supondría un serio varapalo para su carretera política por mucho que Rodríguez Zapatero la dejara en el Gobierno. Pero, sobre todo, su derrota debilitaría interna y externamente al líder socialista cuando, por un lado, está a puertas de una huelga general, con el PP a ocho puntos de distancia y en pleno furor reformista, y cuando, por otro, mantiene el debate sucesorio en stand by a duras penas. "Una derrota de Trini reforzaría el banderín de enganche antizapaterista que supone de facto la candidatura de Gómez, y tendría efectos sobre el sentido de la crisis de Gobierno y precipitaría el debate sucesorio en el peor momento posible", mantiene un reputado zapaterista.

Para un diputado socialista que apoya a Gómez, "las primarias de Madrid pueden tener algunas consecuencias sucesorias, pero sobre todo pueden arrojar el peor escenario para Rodríguez Zapatero si gana Trini y después pierde ante Aguirre". "Ahí sí quedaría muy tocado el presidente", agrega.

Un dirigente histórico del PSM, alejado de la primera línea política, no da ningún valor electoral a las primarias: "Ni Tomás ni Trini tienen posibilidades de arrebatarle la mayoría absoluta a Esperanza Aguirre. UPyD es la única formación que tiene alguna opción de quitarle la mayoría".

El próximo 3 de octubre, las urnas dirán la última palabra de unas primarias que pueden marcar el devenir del resto de la legislatura.

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