Melendi"Me he convertido en una rata de laboratorio"

Es bastante más alto de lo que uno imaginaba y con un trato también bastante diferente a lo que pudiera pensarse. Así, a pesar de sus múltiples tatuajes, a pesar de sus anteriores etapas rebeldes, Melendi es una persona que, a sus 32 años, puede presumir de tener sus ideas muy claras. Una madurez a la que seguro ha contribuido su compañera, la cantante Dama, y los hijos nacidos fruto de esta relación: Carlota y Marco. Dos pequeños que dependen de este papá responsable que regresa a la música con Volvamos a empezar, un álbum con el que refuerza aún más el mensaje de que siempre se está a tiempo de disfrutar una vida nueva… y mejor.

-A pesar del esperanzador título de su álbum, el primer single, Barbie de extrarradio, suena un poco desgarrado, ¿no?

-Bueno, es una forma de componer. En casi todos los temas suelo ser bastante dramático. Le saco más jugo que al amor happy (feliz).

-Siempre se dice que el último es el mejor trabajo…

-Yo no lo he afirmado nunca. En éste, los contenidos han evolucionado. No he dejado nada al azar. He cantado lo que quería en cada tema y he usado cada palabra que deseaba. Me cansé de grabar en 'los' Miamis y en 'los' Londres y preferí quedarme en Madrid sin que se alterara el segundero del reloj y sin que existiera presión alguna para finalizar. En lugar de ser tan libre como antes, he preferido centrarme.

-¿Por qué este giro tan contundente?

-Es la vida misma. Mi madre decía que, lo que no vives antes, lo vives después. En estos momentos me apetece ser familiar. La paternidad te provoca eso porque hay dos personitas que tienen sus horarios y por las que hay que luchar. Quien afirme que, ante esta situación, no cambia, te está engañando.

-¿Y dónde queda su lado más salvaje?

-(Sonríe) He sido muy rebelde, es cierto. A veces con causa y, otras, sin ella. Todo tiene su momento, su etapa. Hay instantes para la reflexión, para la evolución… La actual, es otra fase para mí. ¡A ver qué pasa! El público es soberano y, como no se venden CDs, los conciertos constituyen el barómetro para saber cómo se reciben nuestras propuestas.

-Menciona a sus seguidores… ¿También han experimentado ellos esa transición suya?

-Pues creo que sí. El chaval con 15 años de hace una década ha cumplido ya los 25 ó 26 y la mentalidad no puede ser la misma. Hemos ido avanzando juntos y nos vamos entendiendo.

-¿Cómo se afronta un regreso al comienzo?

-Hay que tener ganas. Nada más. A mí me da miedo aburrirme y, por ello, estoy estudiando música.

-¿Hay algo más allá de su profesión?

-Uff… Poco. Ocupa un 90% de mi tiempo y el 10% restante se lo dedico a los míos. Incluso llevo meses sin hacer deporte. Tengo un gimnasio en casa porque me gusta hacer pesas de vez en cuando pero me he convertido en una rata de laboratorio.

-¿Es posible dedicarse a una ocupación como la suya sin cuidar la imagen?

-Sí, claro. El aspecto ayuda pero, cuando el talento es grande, el exterior pasa a un segundo plano.

-Coincide este lanzamiento con su décimo aniversario como artista… ¿Buen balance?

-Es positivo, sí. Creo mucho en el destino y cada situación ha ido llevándome hasta aquí. En lo laboral, ha sido un camino positivo y, en lo sentimental, quizás demasiados altibajos. Demasiadas emociones.

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