Los Ángeles de ayer triunfan hoy

  • Se siente uno orgulloso de estos paisanos que pasean en limusina de postín el nombre de Granada desde el Realejo hasta Miami y desde los años 60 hasta este 2008 en que vivimos

ACABAN de triunfar en el Auditorium Dade County de Miami. Se pone el pelo de punta de ver a todo un público aplaudiendo después de entonar a coro la canción Momentos, que allí es como un himno. Son casi los mismos que aterrizaban un mes de noviembre de 1970 en el aeropuerto José Martí de La Habana, después de 27 horas de vuelo, aquéllos que triunfaron en el Festival Varadero 70, los que protagonizaron la película A 45 revoluciones por minuto junto a Jesús Puente y grabaron sus discos nada menos que en la firma Hispavox, gracias al ojo clínico del gran productor Rafael Trabuchelli, el que le había grabado antes el Himno a la Alegría a Miguel Ríos y lo hizo millonario. Se siente uno orgulloso de tener estos paisanos de prestigio que pasean en limusina de postín el nombre de Granada desde los años 60 hasta este 2008.

Eran los tiempos de Eduardo y los Windys. ¿Quién no los recuerda en su Cuando mueren las hojas, que tantas veces bailamos en la Neptuno? Aparecían Miguel Ríos y su Popotitos y Julián Granados, que después iría Buscando a Lupita; eran los años de Agustín, Javier, Miguel Megías, Paco Quero, guitarrista de 'valor', Carlos 'el Twister', Poncho, Pepe Robles, Carlos Muñoz y los demás que compusieron el coro de ángeles. Los años de Los Brincos, Los Bravos...

Los Ángeles venían a representar a esa generación de artistas melenudos y con pantalones acampanados que quisieron romper moldes de la mano de Elvis Presley, los Beatles y los Beach Boys. Unas voces admirables y bien conjuntadas para las preciosas canciones que ellos mismos componían o que versionaban de otros. La popular 98.6, que puso de moda el americano Keith en 1967, era interpretada por Los Ángeles con total éxito nada menos que en la 'tele' que pudimos ver en toda España. Unas veces de la mano de Joaquín Prats, otras con José María Íñigo. Sus voces eran un lujo; el batería solista Poncho y la calidad especial de Carlos Álvarez llegaron a emocionar al propio Trabuchelli.

Una banda forjada entre la Real Sociedad de Tenis de Granada y el mítico Torremolinos de los años 60; el 'Torremislíos de las suecas', donde llegaron a actuar durante tres años, todos los días y desde las 7 de la tarde hasta las tres de la mañana. Aunque son 'ángeles' y empezaron siendo 'azules' no han caído del cielo: hay tras ellos toda una carrera de trabajo y éxitos ganados a pulso, como Mañana, mañana, Mónica, Dime, dime, Créeme, Abre tu ventana, Raquel...

DEL REALEJO A MIAMI

Hoy, en pleno 2008, es fantástico oír cantar a estos granadinos aquellos temas en el corazón de Miami, después de ser recibidos en el aeropuerto por cientos de seguidores y salir de los camerinos firmando autógrafos. Aquel grupo de chavales que empezaron tocando en el Hotel Nevada y transportando los instrumentos en la motocarro del pescado que ofrecía Agustín desde el Realejo, se pasean ahora por Miami en una limusina blanca de once metros de larga.

Seguro que el mítico Poncho, aquel 'ángel' que se marchó al cielo con su compañero José Luis Avellaneda un triste 26 de septiembre de 1976, vibrará al sentir latir sobre el escenario de Miami el corazón de su hijo Popi, el de las baquetas de oro y la heredada voz de marfil, el niño que de las cajas de zapatos Garach quería hacer la batería Ludwig de su padre. Allí se emocionó todo el auditorio, empezando por el primer fan del grupo, Lalo Mariscal, el simpático granadino que desde su negocio de la calle Reyes vendía a cientos los discos de Los Ángeles. Los mismos que Manolo Garrido se encargaba de pinchar en Radio Granada.

Hoy, gracias a la pluma fácil de Fernando Díaz de la Guardia, podemos conocer la vida y milagros de estos ángeles, leyenda del pop español, que pasean el nombre de Granada desde el tontódromo de los años 60 al Miami de 2008.

En el cielo hay dos, pero cuando te cruces con alguno de los otros por Puerta Real dale las gracias, exprésale al oído Lo mucho que te quiero e invítalo a una cerveza en La Sabanilla, porque a lo mejor hacen por el buen nombre de la ciudad más que muchos que peregrinan por aquí sin saber ni siquiera dónde está el Hospital de Peregrinos ni La Sabanilla. ¡Sean Ángeles por muchos años!

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