Animales inventados y hombres crédulos

  • Unicornios, dragones, kraken, ave fénix, arpías... Son cientos los animales que la imaginación ha configurado

Grabado de un basilisco, imagen del siglo XVII. Grabado de un basilisco, imagen del siglo XVII.

Grabado de un basilisco, imagen del siglo XVII.

Quizá fuera una casualidad que hace quince días, en martes y trece, dedicáramos nuestro Ciencia Abierta a los quebraderos de cabeza que nos producen las pseudociencias, quebraderos y en ocasiones cosas más graves. Tomo el relevo y les voy hablar en esta ocasión, espero que Susana no se ponga celosa, del objeto de estudio de otra pseudociencia, obviamente para destripar sus falsas ideas; hago referencia a la llamada criptozoología.

Aclaremos, desde el inicio, que semejante disciplina no es reconocida como ninguna parte de la Zoología, ciencia que estudia al Reino animal, en esencia porque los animales que dice estudiar, simplemente, NO existen. Otra cuestión es que algunos zoólogos 'frikis', los hay, quieran buscar financiación extra o excusas para pedir proyectos de investigación en remotos lugares del planeta.

¿Cómo, dirán ustedes, puede basarse una ciencia en algo inexistente? Bueno, ya saben que durante siglos se debatió sobre el sexo de los ángeles o sobre cuántos de ellos se podrían apoyar en la cabeza de un alfiler. La capacidad del ser humano para creer en historias inverosímiles o fantásticas no tiene límites, parece incrustada en nuestro ADN (que se dice mucho ahora), siendo consustancial con la curiosidad por descubrir que tenemos como especie. Somos curiosos por naturaleza, ya dijo Aristóteles; el hombre quiere saber. Ese es lado positivo. Lo negativo es que, a veces, somos inocentes y nos lo creemos casi todo. Y ahí está la base de todas esas descripciones fantásticas del mundo animal (y algunos vegetales).

El origen de las creencias en esos animales fantásticos es, en ocasiones, difícil de rastrear; se confunde con diversas leyendas, mitos o simples rumores populares. En otros casos, por el contrario, resulta simple comprender cuál fue el origen del animal inventado.

Desde la ignorancia o el simple rumor no contrastado los bestiarios medievales se llenaron de animales fantásticos con poderes malignos, quizás uno de los más primitivos sea el basilisco. Plinio el Viejo (23-79 d.C.) lo describe como una simple serpiente con una mancha en forma de corona en la cabeza (por ello su nombre) que podía destruir con su aliento a las plantas e incluso romper piedras; sin embargo durante la Edad Media se transformó (quizás por mutación espontánea) en un gallo amarillo, con corona, alas espinosas y cola de serpiente. Y se fueron añadiendo atributos: nacía de un huevo deforme, lo incubaba un sapo, llegaba a tener ocho patas. El origen de estas derivaciones, un reptil se transforma en ave, puede tener su origen en los casos de gallinas que enferman y pierden su ovario funcional que está en el lado izquierdo; entonces la gónada derecha se activa y se convierte en testículo, de modo que el animal se convierte en un falso macho capaz de fecundar, cantar como un macho y adquirir plumaje de tal. Este proceso de inversión sexual no es extraño en muchas aves domésticas que llegan a vivir muchos años y era bien conocido por los campesinos. Estos encontraban, a veces, huevos alargados, poco calcificados y con una chalaza enrollada (el ligamento que mantiene la yema en mitad de la clara) en forma de serpiente. Esos huevos deformes son puestos por esos falsos machos que aún mantienen su capacidad ovárica a pesar de estar masculinizados.

Esta curiosidad zoológica era, claro, desconocida, pero encontrar un gallo que colocaba un huevo era prueba evidente de brujería, y el huevo, el gallo y en ocasiones el dueño o dueña del ave eran quemados por manifiesta acción de trato con el demonio. Así se describen casos hasta el siglo XV.

Sin alcanzar estos niveles de humana crueldad, podemos describir otros animales fantásticos como el unicornio. Su origen en variado. En los países nórdicos se liga a la existencia de un cetáceo, el narval, que posee un colmillo en forma de cuerno. El cuerno era vendido a los países del sur de Europa por la creencia de sus poderes curativos. Digamos que los salvajes vikingos se aprovechaban de los crédulos y refinados nobles del sur. Las historias de animales cuadrúpedos con un cuerno en la cabeza, desde África y Asía, mantenían la leyenda. Y tenemos hermosos cuadros y magnificas novelas que lo ilustran. Hemos de reconocer que los rinocerontes, origen de todo, son menos encantadores aunque los seguimos cazando para usar su cuerno con creencias falsas; se mantiene la crueldad humana.

Unicornios, dragones, kraken, ave fénix, arpías, centauros, cancerberos, minotauros, un larguísimo etcétera. Son cientos los animales que la imaginación humana ha configurado a lo largo de la historia; en cada cultura y civilización los podemos encontrar como expresión de nuestros miedos y esperanzas.

Incluso todos nosotros en algún momento inventamos animales solo para amedrentar a los chavales en las noches de acampada o cuando no quieren dormirse. ¿No ha narrado usted historias del "chupacabras" o de los "gambusinos" en alguna salida al campo?

Y como ejemplo final de estos animales inventados, en el mundo actual, podemos citar el montaje que se hizo en septiembre de 1989 en Girona, Cataluña (España). La historia se relanzó en 1993, incluso se emitió en un programa de televisión, y es un ejemplo de las falsas historias sobre animales inventados que tanto gusta a las pseudociencias. Hago referencia al llamado "gnomo de Girona", un feto de un animal encontrado en un bosque cerca de esa localidad sobre el que se lanzaron increíbles bulos y a los que la pseudociencia dio las más inverosímiles explicaciones. En honor a la verdad, si hoy se encontrara algo inesperado o extraño en Girona no sé qué más se podría inventar.

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