Loja estrena la Ley de Dependencia

  • Carmen San Juan es la primera granadina que recibe una subvención por la Ley de Dependencia en la provincia con la que hará frente a los gastos de su madre de 90 años, declarada gran dependiente

"Yo no tengo Navidad, ni Semana Santa, ni vacaciones. Estoy las 24 horas del día cuidando de mi madre, lo que tampoco me ha permitido trabajar", explica resignada Carmen San Juan, una de las muchas personas que tienen que dedicar su vida a hacerse cargo de familiares con dependencia.

Felicidad Cabrera, su madre, lleva un año sin poder levantarse, como consecuencia de una evolucionada osteoporosis. "La aseo y le doy de comer en la cama", explica Carmen, aunque desde hace veinte años -tras sufrir dos caídas que empeoraron su estado-, los achaques de esta anciana de noventa años comenzaron a resquebrajar su autonomía.

Como el caso de Carmen y Felicidad, en Granada existen alrededor de 30.000 familias que reúnen los requisitos para acogerse a la Ley de Dependencia -según las estimaciones de la Diputación de Granada-, con la salvedad de que esta lojeña es la primera persona que recibe una de las ayudas establecidas por la norma en la provincia.

Los 460 euros que está percibiendo Carmen le permitirán contratar a alguien para que cuide a su madre en algunas ocasiones. "Tener a una persona que la cuide de noche cuesta en torno a los 600 euros mensuales y de día la hora supone alrededor de diez euros", asegura Carmen, un coste que no se puede permitir. Hasta ahora, sólo contaba con el apoyo de uno de sus tres hermanos, que colaboraba en la asistencia de Felicidad durante el día, lo que permitía a Carmen realizar las gestiones cotidianas.

"Tanto mi madre como yo somos viudas y nos tenemos que apañar con la paga que tenemos", comenta la lojeña. Además, las especiales atenciones que estas personas dependientes requieren encarece aún más sus cuidados. "No puedes comprar cualquier yogur, la fruta debe estar en muy buenas condiciones, la calefacción está más alta para que no pase frío...", explica.

Esto provoca que los 600 euros que percibe Felicidad no hayan sido suficientes para su manutención en multitud de ocasiones. Por ello, Carmen ha tenido que hacer "magia" para que sus algo más de setecientos euros lleguen a cubrir el resto de necesidades de su progenitora, los gastos de luz y agua e incluso den para ayudar a unos de sus dos hijos, en paro y con una niña.

Pese a la actual alegría, Carmen perdió la esperanza de obtener la subvención pues desde que pidió la valoración en abril -junto a otras 7.000 familias en Granada- hasta que tuvo noticias de la Junta de Andalucía pasaron unos cinco meses. "Me dijeron que si en el plazo de tres meses no recibía contestación de la Consejería de Igualdad y Bienestar Social es que se había desestimado mi petición, así que al pasar todo el verano me desilusioné", confiesa. Además, Carmen explica que solicitó la subvención después de negarse a aceptar la oferta del organismo de que su madre fuera ingresada en un centro especializado. "Mientras yo pueda, mi madre no sale de su casa", insiste.

Sin embargo, una vez que las técnicas encargadas de valorar el estado de Felicidad acudieron a su domicilio en la Avenida de Andalucía de Loja, el proceso se desarrolló con agilidad. Las funcionarias declararon la condición de 'gran dependiente" de Felicidad -el grado máximo que ampara la ley- y, dado que las ayudas se computan desde la fecha en que fueron solicitadas, Carmen recibió en octubre 2.760 euros como pago de los meses desde mayo hasta octubre. "Ahora me tienen que abonar los meses de noviembre y diciembre", añade esta mujer de 66 años.

De este modo, el proceso burocrático de Carmen y Felicidad culmina con un final feliz. "Estoy muy contenta con la ayuda", afirma la cuidadora con entusiasmo y, aunque Felicidad ya no es capaz de discernir, también notará la subvención en la mejora de la atención.

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