Una Nochebuena nada convencional

  • En la cárcel provincial, en un comedor social o en la frías aguas de Almuñécar; la Navidad ha llegado a todos los rincones de la provincia donde cada año la fiesta se reinventa para disfrutar al máximo de la celebración

La escasez de recursos económicos, la falta de libertad o el hecho de vivir fuera del país de origen no han impedido este año que la Navidad llegue a todos los rincones de la provincia. Aunque con ciertas peculiaridades por sus circunstancias personales los más de 1.600 presos de la cárcel de Albolote, unos doscientos indigentes de la capital y un grupo de ciudadanos nórdicos también han podido disfrutar del espíritu de estas fiestas.

Estos últimos: suecos, noruegos, finlandeses y daneses celebraron ayer la Navidad en Almuñécar, lejos de las bajas temperaturas de sus países de origen y de sus gélidas aguas. Aunque a miles de kilómetros de sus hogares, siguen manteniendo la tradición y cada día de Navidad, como informa Efe, participan en el tradicional baño en las aguas del Mediterráneo, algo más cálidas que las nórdicas. Tras salir del agua llegaron los villancicos y luego el brindis, ataviados con gorros de Papá Noel.

Con algo más de calor los presos de la cárcel de Albolote, y sus hijos, se sentaron a la mesa el día de Nochebuena donde degustaron el marisco, la carne o las manzanas asadas que formaron parte de la cena especial de Navidad.

Dolores Santiago Fernández es la cocinera reclusa más antigua de la cárcel provincial y la encargada de preparar el menú infantil compuesto por ensalada, pescado, patatas con huevos, fruta y polvorones, destinado a los 30 niños hijos de reclusas.

La cocinera es originaria del barrio Cruz Verde de Málaga, un lugar que viene a su mente en estas fechas navideñas al recordar las tradicionales cenas de Nochebuena que celebraba junto a su familia. "Mi deseo hubiera sido pasar esta noche con mis seis hijos y mis 25 nietos", explicó a Efe la cocinera, que al no poder convertir en realidad su sueño, prepara cada año con cariño el menú de los pequeños, a los que trata como a una segunda familia.

Dolores tiene a alguien en la cárcel con quien compartir estas fechas, su hermana Josefa, también presa y también cocinera en el centro penitenciario. Juntas recuerdan con nostalgia la celebración de la Nochebuena en el barrio de Cruz Verde, donde los vecinos salen a la calle con las zambombas para cantar los villancicos navideños, una nostalgia que en ocasiones se torna en tristeza. Dolores y Josefa añoran especialmente dos platos sobre la mesa: la cazuela de fideos y las empanadillas fritas, que degustaban rodeadas de toda la familia y los amigos más cercanos.

Con las dos hermanas han trabajado este año un total de 28 cocineros del centro penitenciario, uno de ellos funcionario y, el resto, reclusos. El almuerzo estuvo compuesto por ensalada, estofado, pechuga de pollo y postre, mientras que para la tradicional cena, los presos contaron con langostinos cocidos de primer plato, sopa de marisco y medio pollo con patatas de segundo plato y manzanas asadas de postre. El menú estuvo acompañado de cerveza sin alcohol y los pensamientos del deseo de obtener pronto la libertad.

Lejos de Albolote, en el comedor social de San Rafael y en el de las Hermanas de la Caridad también olía ayer a Navidad. Más de 200 personas sin hogar se reunieron a las puertas del centro para comer como una gran familia. La cita atrae cada vez a más personas sin techo, por lo que se repite cada año con más éxito. En esta ocasión el menú de Nochebuena estuvo compuesto por entremeses, langostinos, jamón y queso. De primero crema de habas con jamón y de segundo lomo de cerdo relleno. El flan de postre y los villancicos pusieron fin a la noche.

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