Piden 13 años para tres acusados de intentar estafar 128.000 euros a un banco

  • A los inculpados se les imputa un delito continuado, ya que urdieron una trama relacionada con la construcción

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La Fiscalía ha solicitado un total de 13 años de prisión para tres personas, dos de nacionalidad española y una brasileña, acusadas de urdir una trama y engañar al director de una sucursal bancaria en Churriana de la Vega para conseguir estafar a la entidad 128.000 euros.

Los inculpados, a los que se les imputa un delito continuado de estafa, son concretamente Francisco G.G., de 51 años, que se enfrenta a una pena de cinco años de prisión y multa de 3.300 euros; José R.M., de 40, y Diana Kelly A.S., de 24, para los que el fiscal pide cuatro años de cárcel y multa de 3.000 euros, si bien en el caso de la última también procedería sustituir la pena por su expulsión del territorio nacional por periodo de 10 años.

Según consta en el escrito de acusación provisional del Ministerio Público, los hechos se remontan a primeros del mes agosto de 2007, cuando Francisco, aprovechando unos días de permiso que tenía para salir de la cárcel, de "común y previo acuerdo" con los otros dos acusados -uno arquitecto técnico y otra como su secretaria- y otros individuos que no han podido ser identificados "idearon y pusieron en práctica una estratagema" para proceder a la estafa.

Así, el día 7 de agosto de 2007, José y Francisco, que tenían pleno conocimiento de que acababa de abrir sus puertas una nueva sucursal en Churriana, con director y empleados nuevos, se personaron en ésta. Allí, Francisco abrió una cuenta a nombre de un grupo inmobiliario del que era el único administrador. Por su parte, José comentó al director, en un momento en el que otro inculpado no estaba presente, un proyecto de construcción de viviendas que tenían planeado realizar en Albolote y también le mencionó el alto nivel adquisitivo de Francisco.

Asimismo, el director recibió, por un lado, una llamada de una persona que se hizo pasar por el director de otra sucursal de la misma entidad en Málaga -que le habló de la importancia del nuevo cliente- y por otro, la de otros clientes, que eran supuestamente funcionarios del Ayuntamiento de Atarfe que habían comprado a Francisco dos viviendas y que le dijeron que se pasarían por la oficina para ir preparando los préstamos hipotecarios.

Además, también unos jóvenes, ajenos a la causa, se abrieron otra cuenta para cobrar el dinero de una venta de un local que supuestamente habían vendido a Francisco. El responsable de la sucursal, creyéndose paulatinamente el ardid, acompañó tanto a Francisco como a José y a la tercera procesada a la localidad de Chauchina, para la supuesta compra de un solar.

Al día siguiente, Francisco ingresó dos cheques sin fondos por valor de 36.000 euros cada uno en una sucursal de la misma entidad, pero en Granada capital. Posteriormente, José apareció en la de Churriana e ingresó otro cheque por valor de 60.000 euros y el director volvió a acompañarlos a comprar un segundo solar. Así, aunque esta operación resultó infructuosa, aumentó la creencia en el director de la riqueza de Francisco, acrecentada por los comentarios de José.

Así, el director, ya confiado en la solvencia económica de Francisco, accedió a extenderle un cheque por 60.000 euros para la compra de un coche, y después otros 45.000 euros más. Conseguido así parte del objetivo, Francisco ingresó en otro banco, sabiendo que no le pondrían objeciones, el cheque de 60.000 euros en la cuenta de otra de sus empresas, tras lo hizo tres transferencias dejando en esta cuenta sólo 2.000 euros.

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