Prisión para el acusado de abusar sexualmente de su hija en Churriana

  • Fuentes cercanas a la investigación dan por hecho que hubo más de una agresión

El Juzgado de Instrucción número 8 de Granada decidió ayer el ingreso en prisión, no eludible con fianza, de Eduardo M., el hombre que el pasado fin de semana fue detenido por la Guardia Civil de Albolote acusado de abusar sexualmente de su propia hija, de 15 años, en Churriana de la Vega, donde residían. Se le imputa un delito contra la libertad sexual de la menor.

La decisión se adoptó a última hora de la noche, después de que el titular del juzgado en funciones de guardia, Francisco Javier Zurita, tomara declaración al acusado, del que no ha trascendido la edad aunque está en torno a los cuarenta años.

A lo largo de la jornada también testificaron en el juzgado la supuesta víctima, su madre -y esposa del presunto autor de los hechos- y al menos un testigo, según confirmaron fuentes judiciales. Ese testigo, añaden las mismas fuentes, sería una hermana del acusado.

Todos esos testigos declararon antes que el supuesto agresor sexual, probablemente para confrontar sus testimonios con los que él emitiera posteriormente.

Sobre el caso reina un mutismo casi absoluto y muy pocos son los datos que se han dado a conocer, cas i ninguno de ellos confirmado de forma oficial. Sí se da por hecho que Eduardo M. fue detenido por un caso concreto de abuso sexual, pero eso no significa que fuera el único que cometiera. Era reincidente. Habría abusado de su hija - o intentado hacerlo- al menos en otra ocasión antes. En varias, según apuntan fuentes cercanas a la investigación policial.

Tampoco se ha detallado qué tipo de abusos sexuales son los que se le achacan al ahora encarcelado, si se trataba de tocamientos o de violaciones. De lo que a las fuentes consultadas no tienen dudas es de que la menor nunca consintió este tipo de encuentros y que si accedió fue por miedo. De hecho, en su entorno aseguraban ayer que el padre la llegó a intimidar en alguna ocasión con un arma blanca.

La menor, además de declarar como testigo, ha de ser examinada por un psicólogo forense para intentar determinar si ese tipo de prácticas le han dejado secuelas psíquicas importantes. Será un elemento importante dentro del proceso de investigación que con toda probabilidad derivará el caso hacia un juzgado de lo Penal, puesto que es más que previsible que el supuesto autor de los hechos tenga que enfrentarse a una fuerte petición de cárcel.

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